Tarea estadistica

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La Cruzada de los Niños
Marcel Schwob

Indice:

1. Prólogo

2. Epígrafe

I. Relato del goliardo

II. Relato del leproso

III. Relato del papa Inocencio III

IV. Relato de los tres pequeñuelos

V. Relato de Francisco Longuejoue, clérigo

VI. Relato de Kalandar

VII. Relato de la pequeña Allys

VIII. Relato delpapa Gregorio IX






Prólogo

Si un viajero oriental- digamos, uno de los persas de Montesquieu- nos pidiera una prueba del genio literario de Francia, no sería inevitable recurrir a las obras de Montesquieu, o a los cien volúmenes de Voltaire. Nos bastaría repetir alguna palabra feliz (arc- en ciel) o el tremendo título de la historia de la primera cruzada: GestaDei per Francos, que significa Hazañas de Dios ejecutadas por medio de los franceses. Gesta Dei per Francos; no menos asombrosas que estas palabras fueron esas hazañas. En vano los perplejos historiadores han intentado explicaciones de tipo racional, de tipo social, de tipo económico, de tipo étnico; el hecho es que durante dos siglos la pasión de rescatar el santo sepulcro dominó a las nacionesde Occidente, no sin maravilla, tal vez de su propia razón. A fines del siglo XI, la voz de un ermitaño de Amiens- hombre de mezquina estatura, de aire insignificante (persona comtemptibilis) y de ojos singularmente vivos- impulsa la primera cruzada; las cimitarras y la máquinas de Jalil; a fines del XIII, sellan en San Juan de Acre la octava. Europa no emprende otra; la misteriosa y larga pasiónha tocado a su fin; Europa se distrae de recuperar el sepulcro de Cristo. Las cruzadas no fracasaron, dice Ernest Barker, simplemente cesaron. Del frenesí que congregó tan vastos ejércitos y planeó tan remotas operaciones, sólo quedaron unas pocas imágenes, que se reflejarían, siglos después, en los tristes y límpidos espejos de la Gerusalemme: altos jinetes revestidos de hierro, noches cargadas deleones, tierras de hechicería y de soledad. Más dolorosa es otra imagen de incontables niños perdidos.

A principios del siglo XIII, partieron de Alemania y de Francia dos expediciones de niños. Creían poder atravesar a pie enjuto los mares. ¿No los autorizaban y protegían las palabras del Evangelio Dejad que los niños vengan a mí, y no los impidáis (Lucas 18:16); no había declarado elSeñor que basta la fe para mover una montaña (Mateo 17:20)? Esperanzados, ignorantes, felices, se encaminaron a los puertos del sur. El previsto milagro no aconteció. Dios permitió que la columna francesa fuera secuestrada por traficantes de esclavos y vendida en Egipto; la alemana se perdió y desapareció, devorada por una bárbara geografía y (se conjetura) por pestilencias. Quo devenirentignoratur. Dicen que un eco ha permanecido en la tradición del gaitero de Hamelin.

En ciertos libros del Indostán se lee que el universo no es otra cosa que un sueño de la inmóvil divinidad que está indivisa en cada hombre; a fines del siglo XIX, Marcel Schwob- creador, actor y espectador de este sueño- trata de volver a soñar lo que había soñado hace muchos siglos, en soledades africanas yasiáticas: la historia de los niños que anhelaron rescatar el sepulcro. No ensayó, estoy seguro, la ansiosa arqueología de Flaubert; prefirió saturarse de viejas páginas de Jacques de Vitry o de Ernoul y entregarse después a los ejercicios de imaginar y de elegir. Soñó así ser el papa, ser el goliardo, ser los tres niños, ser el clérigo. Aplicó a la tarea el método analítico de Robert Browning, cuyolargo poema narrativo The Ring and the Book (1868) nos revela a través de doce monólogos la intrincada historia de un crimen, desde el punto de vista del asesino, de su víctima, de postestigos, del abogado defensor, del fiscal, del juez, del mismo Robert Browning… Lalou (Literature francaise contemporaine, 282) ha ponderado la “sobria precisión” con que Schwob refirió la “ingenua leyenda”; yo...
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