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  • Publicado : 1 de septiembre de 2012
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Los adioses conocida y enigmática novela corta de Juan Carlos Onetti30, después de un primer y fallido intento, se publicó finalmente en Buenos Aires en 1954, vale decir, hace ya más de treinta y cinco años [31]. Las opiniones críticas emitidas desde entonces, aspirando cubrir y elucidar múltiples facetas del equívoco relato, han llegado con frecuencia a aproximaciones no sólo disímiles, sinoque, en repetidas ocasiones, diametralmente opuestas. Entre el rico acopio de estudios dedicados a la novela, sin embargo, junto a valiosas y esclarecedoras observaciones, ha persistido hasta el presente un curioso contrasentido que, a nuestro parecer, obstruye en medida nada despreciable la recta comprensión de aspectos tanto de importancia secundaria como fundamentales de la misma. Por una parte,desde el primer análisis consagrado a Los adioses, de Emir Rodríguez Monegal, aparecido el mismo año en que se publicó la novela, la crítica ha reiterado una y otra vez la arriesgada credibilidad que garantiza la desbordante relación del tendero [32]. Por otro lado, no obstante, desatendiendo esta inherente peculiaridad del relato, se han emitido a la vez categóricos pronunciamientos y se hanelaborado conclusiones que sólo dependen, paradójicamente, de los desconfiables aportes suministrados por el almacenero y sus colaboradores.
En el presente ensayo, por lo tanto, atentos a la crítica y al beneficio que depara una perspectiva creada a través de más de treinta años, interesa considerar e ilustrar con ejemplos específicos la paradoja señalada, procurando que dicho esfuerzo, usado comomedio de aproximación, de punto de vista, nos permita obtener como resultante un entendimiento más idóneo del sugestivo relato.
Los adioses, en trazos generales, no es más que la relación en primera persona hecha por un insólito «yo» -el almacenero-, que se impone la tarea de contar la historia o los sucesos que plasman el mundo íntimo de un «él» -el ex jugador de básquetbol-, especialmente encorrelación a dos mujeres que le escriben y lo suelen visitar en la villa en la cual se refugia para curarse de una afección pulmonar, «la mujer de los anteojos de sol» y una enigmática muchacha. El tendero se sirve, además, para trazar el complejo devenir del atleta, de los informes recibidos por parte del enfermero y Reina, la mucama del hotel, a quienes suele citar de manera directa, y enotras oportunidades, para mayor subjetividad del antecedente narrado, reconstruye la información o simplemente la utiliza para añadir por su cuenta intrincados aditamentos, sospechas o deducciones por él forjadas.
Merced a dicho procedimiento narrativo, consecuentemente, el lector llega a conocer poco y de manera distorsionada al personaje que se perfila como figura central y, casi sin percatarse deello, termina conociendo mejor al que sirve de voz narrativa, quien supuestamente debiera tener una importancia secundaria. Al interesante pero engañoso punto de vista del relato, hay que sumar asimismo el ambiguo y truculento modo de narrar que posee el relator y, sobre todo, la compleja personalidad sicológica que tan notoriamente lo define y separa del resto de los personajes.
Hechas lasconsideraciones precedentes, observaremos primero, a guisa de introducción, un interesante pasaje de la novela, un enunciado que, aunque en apariencia sin importancia, muestra de modo palmario hasta qué grado alcanza la sutileza narrativa de Los adioses, al mismo tiempo que expone con nitidez el cuidado que exige su lectura y las subsecuentes y diversas posiciones adoptadas por la crítica.
Duranteel verano, después de los carnavales, llega al pueblo para ver al enfermo, por segunda vez, «la mujer de los anteojos de sol», acompañada en esta ocasión de un niño quien, según el almacenero, «tendría cinco años y no se parecía ni a ella ni a él» (52). Al día siguiente llega también la muchacha, y la confluencia de las dos mujeres en la villa, más el ulterior nexo creado entre ellas, crean...
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