Tia nela

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a Julián RoblesTe lo advertí, a cada puerco le llega su San Martín. Yo sabía que tarde o temprano, cuando ya no pudieras soportar los remordimientos, ibas a venir de rodillas a pedirme perdón. Has comprendido que Tía Nela sólo buscaba lo mejor para ti. Santa y buena, yo sé perdonar las ofensas. Pero me temo, hijito, que mi absolución ya
no puede servirte de mucho. Cada quien tiene la corona quese labra. Mira nomás lo que has hecho con tu vida, con tu pobrecito cuerpo. Ya ni siquiera me das asco, ahora te tengo lástima, ¿y sabes por qué? Porque estás sepultado en un abismo de oscuridad y no haces nada por buscar la luz. ¿Desde hace cuánto no te confiesas? ¿Desde cuándo no vas a misa? Mira, Efrén, te voy a llamar por tu nombre de antes, porque el de ahora me repugna, mira, hijito, siquerías hacerme sufrir con tus desfiguros, si pensaste que tus escándalos me iban a amargar la vida, te equivocaste, mi amor: yo sigo igual, vieja y achacosa, pero en paz con mi conciencia, en cambio tú te emborrachas a solas, tomas pastillas para dormir y de noche te oigo rechinar los dientes como alma en pena. Ya lo ves, sólo te hiciste daño a ti mismo. Quién te mandó, zopilote, salir al campo avolar. ¿Para eso violaste todas las reglas del pudor y de la decencia? ¿Para eso deshonraste nuestro apellido? Con el diablo no se juega, muchacho. Ahora que viene a pasarte la factura corres a refugiarte bajo mis faldas. Pero no me pidas perdón a mí: sólo Cristo con su infinita misericordia podrá salvarte del fuego eterno.
     Llora, eso te hará bien, llora hasta desahogar toda la ponzoña quellevas dentro. Así llorabas de niño cuando yo te castigaba por tus malas mañas. Oh, Dios, cuánto batallé para darte una educación y un futuro. Otra en mi lugar te hubiera entregado a un hospicio cuando tus padres se mataron en la carretera. No dejaron nada, sólo deudas, y bien sabes que yo, con las pobres ganancias de la mercería y mis chambitas de costurera, apenas ganaba para malcomer y mantener estahumilde casa. Cuántas veces me quité el pan de la boca para dártelo a ti. Cuántas veces me privé de mis pequeños placeres para comprarte un juguete o una golosina. ¿Y cómo me pagaste esos sacrificios? Con una lanza clavada en mi costado, como los centuriones le pagaron al redentor. Muy temprano descubrí tus torcidas inclinaciones. A los cinco años preferías jugar con mis figurines que patear lapelota con los niños del parque, no soportabas los programas violentos de la tele y en cambio te quedabas hechizado con las funciones de ballet. Pero yo pensaba: cuando crezca se le pasará, lo que necesita esta criatura es un poco de rigor y disciplina para hacerse varón. Por eso, en mala hora, te mandé a estudiar con los padres maristas en vez de enviarte a una escuela oficial. Como la colegiaturacostaba un Potosí, tuve que ponerme a coser por las noches, a riesgo de quedarme ciega. ¿Y todo para qué? Para que el infeliz mocoso, en la primera semana de clases, tuviera la maldita ocurrencia de besar en la boca a su compañero de banca, un muchacho de excelente familia, emparentado con el gobernador. Y ni siquiera fue a escondidas, no, ¡tuviste que hacer tu mariconada enfrente de todo elsalón!
     La escena en el despacho del prefecto, donde tu profesor te acusó en presencia del niño ofendido, fue uno de los tragos más amargos de mi vida. Te abrí la boca de un bofetón, ¿recuerdas? Tú me mirabas con asombro, como si hubieras esperado que saliera en tu defensa, y ahora mismo, después de tantos años, podría jurar que aún me guardas rencor. Sí, Efrencito, nadie como tú para cultivar elresentimiento. Lo riegas cada mañana con agua tibia, lo sientes crecer en tus vísceras como una orquídea de invernadero. Gracias a Dios, a esa edad todavía eras dócil: reprimías tus berrinches y nunca me repelabas cuando te daba coscorrones por contonearte demasiado en la calle. Pero sólo fingías mansedumbre mientras esperabas el momento de hincarme los dientes. La oportunidad llegó el día de...
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