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2 La casa de Aracataca
1927-1928
Mi recuerdo más vivo y constante no es el de las personas, sino el de la casa misma de Aracataca donde vivía con mis abuelos. Es un sueño recurrente que todavía persiste. Más aún: todos los días de mi vida despierto con la impresión, falsa o real, de que he soñado que estoy en esa casa. No que he vuelto a ella, sino que estoy allí, sin edad y sin ningún motivoespecial, como si nunca hubiera salido de esa casa vieja y enorme. Sin embargo, aun en el sueño, persiste el que fue mi sentimiento predominante durante toda aquella época: la zozobra nocturna. Era una sensación irremediable que empezaba siempre al atardecer, y que me inquietaba aun durante el sueño hasta que volvía a ver por las hendijas de las puertas la luz del nuevo día.1

Con estas palabrasrecordaba Gabriel García Márquez, medio siglo después, en conversación con su viejo amigo Plinio Apuleyo Mendoza en París, la imagen más poderosa de su infancia «prodigiosa» en el pequeño pueblo colombiano de Aracataca. Gabito no pasó los primeros diez años de su vida junto a su madre y su padre y los muchos hermanos y hermanas que siguieron su llegada al mundo con puntual regularidad, sino en lacasona de sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán Cotes. Era una casa llena de gente —abuelos, tías, huéspedes de paso, sirvientes, criados indios—, pero también llena de fantasmas (por encima de todos, quizá, el de su madre ausente).2 Años más tarde, cuando el tiempo o la distancia lo alejaran de allí, aquella casa seguiría obsesionándolo, y el esfuerzo porrecuperarla, por recrearla y dominar los recuerdos que conservaba de ella sería en buena medida lo que lo convertiría en escritor. Era un libro que llevaba en su interior desde la infancia: los amigos recuerdan a Gabito con poco más de veinte años escribiendo ya una novela interminable a la que se refería como «La casa». Aquel viejo caserón de Aracataca perteneció a la familia hasta finales de ladécada de

la casa de aracataca

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1950, aunque otros inquilinos lo alquilaron después de que Gabriel Eligio se llevara a su esposa y a sus hijos de Aracataca, una vez más, en 1937. Con el tiempo reaparecería, intacta, aunque con cierto halo de alucinación, en la primera novela de García Márquez, La hojarasca, escrita en 1950. Sin embargo, no sería hasta más adelante que, en Cien años desoledad (1967), la obsesión se desarrollara plenamente y agotara todo su potencial, de modo que la infancia de Gabito —vívida al tiempo que angustiada, y a menudo aterradora— se materializara para toda la eternidad en el mundo mágico de Macondo; y en un punto en que, desde la casa del coronel Márquez, su visión del mundo abarcaría no sólo el pequeño pueblo de Aracataca, sino también el resto de suColombia natal y, acaso, toda América Latina y aún más allá. Tras el nacimiento de Gabito, Gabriel Eligio, que seguía trabajando en Riohacha y que aún estaba dolido, esperó varios meses para reunirse con su esposa. Renunció a su puesto en Riohacha, dejó la telegrafía para siempre y confió que en Aracataca podría ganarse la vida con la medicina homeopática. Sin embargo, puesto que carecía detitulaciones tanto como de posibles, y dado que, aunque la leyenda familiar sostenga lo contrario, al parecer su presencia en casa del coronel no era grata, finalmente decidió llevarse a Luisa a Barranquilla y, tras ciertas negociaciones poco claras, se acordó que Gabito se quedara con los abuelos.3 Por descontado se da que esta clase de arreglos en que ambos matrimonios llegaban a un acuerdo eran tanhabituales que se consideraban casi normales en sociedades tradicionales con familias muy extensas y numerosas; sin embargo, resulta difícil entender que Luisa dejase a su primer hijo a una edad en la que podría haber seguido muchos meses amamantándolo. Fuera de toda duda está, en cambio, el firme compromiso con su esposo. A pesar de las críticas de sus padres, por encima de todos los defectos y...
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