Todo lo referente a la ortografia

2. Los impulsos de una persistente tradición político-pedagógica

La idea de educar para construir una sólida estructura política y cívica, con el objetivo de definir la identidad de la nación,ha estado presente siempre en las sociedades americanas desde los inicios de su independencia como Estados. Proclamada, desde luego, aunque incumplida o mistificada. La nueva sociedad emergente de lascolonias inglesas de Norteamérica constituye un primer ejemplo de esa confianza en la educación como recurso para promover y asegurar la nación y el principio democrático. Washington y Jeffersonestaban convencidos de ello, y en su discurso de despedida, en 1796, el propio Washington reconocía y recomendaba la promoción de instituciones para la difusión general del saber: «En la medida en que laestructura de un gobierno hace de la opinión pública una fuerza, es esencial que la opinión pública esté instruida [...]». Algo después, en su manifiesto al Congreso de Angostura (1819), Simón Bolívarexpresaba su deseo de que la educación popular constituyera la base para la «moral» y las «luces» que necesitaba la República: formar el espíritu público, y la moral republicana. Son anunciospioneros de una orientación que va a cobrar fuerza a medida que discurra el siglo xix y aparezcan nuevas propuestas, circunstancias y necesidades. Ya en su Catecismo... publicado en 1810,José Amor de laPatria presentaba la educación como «una de las bases más esenciales de la sociedad humana»; por ella –decía– los hombres y los pueblos conocen sus derechos y los del orden social, aspiran a la noblelibertad e independencia. Numerosos catecismos intentarían enseguida desplegar esa acción formativa de nuevos actores sociales (Ocampo López, 1998; Sagredo Baeza, 1996).

La historia avanza, y para elnorteamericano Horace Mann y todo el «movimiento en favor de la escuela pública», por ejemplo, la educación popular garantizaba el progreso de la república, debiendo servir a ello por medio de un...