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CITA CON EL PASADO

Nora Roberts

Traducción de
Esther Roig

Título original: Birthright

Para mi querida Kayla, la nueva luz en mi vida.
Lo que te deseo es demasiado para describirlo,
por eso sólo te desearé amor. Todo lo mágico
y todo lo real, todo lo que importa surge de él

El que le da un capricho a un niñohace sonar campanas en las calles del paraíso.
Pero el que le da a un niño un hogar
construye palacios en el otro mundo,
y la que da a luz a un niño
trae de nuevo a la Tierra al Cristo Salvador.

John MasefieldConócete a ti mismo.
Grabado en el templo de Apolo en Delfos

prólogo

12 de diciembre de 1974

Douglas Edward Cullen tenía ganas de orinar. Los nervios, la excitación y la Coca-Cola que había tomado en el McDonald's como recompensa por haberse portado bien mientras su madre hacía compras se habían aliado para que tuviera lavejiga a punto de explotar.
Se balanceó, mortificado, sobre las puntas de sus zapatillas Keds rojas.
El corazón le latía tan fuerte que creyó que, si no se ponía a gritar o a correr lo más rápido posible, explotaría.
Le encantaba ver explotar cosas en la tele.
Pero mamá le había dicho que tenía que portarse bien. Si los niños no se portaban bien, Papá Noel les dejaba carbónen el calcetín en vez de juguetes. No estaba muy seguro de qué era el carbón, pero sí sabía que quería juguetes. De modo que sólo gritó y corrió mentalmente como le había enseñado su padre que hiciera cuando era muy, muy importante estarse quieto.
El gran muñeco de nieve que tenía al lado sonreía y era aún más gordo que su tía Lucy. No sabía qué comían los muñecos de nieve, pero aquélseguro que comía mucho.
El brillante hocico rojo de Rudolph, su reno favorito, parpadeaba tanto que deslumbraba a Douglas. Intentó distraerse contando los topos rojos que bailaban delante de sus ojos, igual que contaba números en Barrio Sésamo.
¡Uno, dos, tres! ¡Tres topos rojos! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
Pero se estaba mareando.
El centro comercial estaba en pleno bullicio, conmúsica navideña que no hacía más que aumentar su impaciencia, gritos de otros niños y llantos de bebés.
Ahora que tenía una hermanita, Douglas lo sabía todo acerca de bebés llorones. Cuando los bebés lloraban había que cogerlos y pasearlos, cantarles nanas o sentarse con ellos en una mecedora y darles golpecitos en la espalda hasta que eructasen.
Los bebés podían eructartranquilamente sin que nadie los obligara a disculparse. Porque, claro, ¡los bebés no saben hablar!
Pero ahora Jessica no lloraba. Dormía en su cochecito y parecía una muñequita con el vestido rojo de volantes blancos.
Así es como llamaba la abuela a Jessica: su muñequita. Pero a veces Jessica lloraba y lloraba, y se le ponía la cara roja y arrugada. No había nada que la hiciera parar de llorar:ni canciones, ni paseos ni mecedoras.
En esos casos Douglas opinaba que no parecía una muñequita. Parecía mala y loca. Cuando eso pasaba, su madre estaba demasiado cansada para jugar con él. Antes de que Jessica se le metiera en la barriga, ella nunca se cansaba de jugar con él.
A veces no le gustaba tener una hermanita que lloraba y ensuciaba los pañales y hacía que mamá estuvierademasiado cansada para jugar.
Pero en general no le importaba. Le gustaba mirarla y fijarse en la forma como agitaba las piernas. Y cuando le agarraba un dedo con fuerza le hacía reír.
La abuela decía que él tenía que proteger a Jessica porque eso era lo que hacían los hermanos mayores. La misión había llegado a preocuparle tanto que un día se había echado a dormir en el suelo...
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