Vale

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  • Publicado : 31 de octubre de 2010
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Caín
         El mensajero de la oficina colocó la tarjeta sobre el escritorio, Vicente la miró distraídamente y la rodó hacia un lado con el dorso de la mano, concentrándose de nuevo en la lectura del documento que tenía enfrente. Aunque había posado por un instante los ojos sobre las letras impresas en la pequeña cartulina, su significado apenas rozó la superficie de su conciencia y fuesólo un rato después cuando las letras parecieron ordenarse en su cerebro y formar el nombre que ahora surgía con pleno significado para él.
          —Leonardo Mirabal —, dijo en voz alta complaciéndose, como antes, en la sonoridad de las palabras. Reclinándose en el respaldar de su lujoso sillón de cuero, Vicente se sumergió en recuerdos antiguos mientras se acariciaba la mejilla con elcanto afilado de la tarjeta. ¡Qué lejanos le parecieron de pronto aquellos tiempos del colegio! El primer día de clases: los muchachos corriendo hacia las puertas enormes, gritando y riendo mientras el, esquivo y huraño, se pegaba a las paredes con los libros bajo el brazo; y las voces que pasaban rozándolo: “¡Leonardo, ahí viene Leonardo!”; y la conversación sorprendida al entrar al aula: “Leonardo,¿me explicas este teorema?, no puedo entenderlo; y en el primer recreo, el muchacho debilucho que decía: Leonardo: ¿me dejas entrar al equipo?, he practicado mucho en las vacaciones... ”
         Vicente apretó con el dedo el botón nacarado del timbre y ordenó al mensajero tan pronto abrió la puerta.
         —Haga pasar al señor Mirabal.—
         Maquinalmente se arregló un pocoel cabello con las manos y se ajustó el nudo de la corbata.
         —Con permiso —, decía el hombre en voz baja, de pie en el hueco de la puerta
         Vicente se levantó de un salto de su asiento y caminó hacia él con las manos extendidas, observándole a los ojos ¡Dios mío, qué cambiado está!, y diciéndole apresuradamente:
         —Por favor, Leonardo, pasa adelante.¡Cuánto tiempo sin verte! —
         Después de apretarle las manos entre las suyas, le palmeó la espalda ¡qué flaco está y qué amarillo!
         —Anda siéntate. ¡Qué sorpresa más inesperada y qué gusto me da verte!
         Leonardo se sentó en el borde de la silla que le ofrecían y. conservó el sombrero girando entre las manos mientras decía con suavidad:
         —Yo también mealegro mucho de verte, Vicente. ¡Hace ya tanto tiempo!... Temí que ya no te acordaras de mí.
         —¿No acordarme de ti?, pero, ¿estás loco?... ¡Cómo has podido imaginar semejante cosa!
         Vicente se sentó de nuevo y mientras lo hacia le pareció de pronto verse a sí mismo en medio de la multitud que colmaba el salón de actos del colegio, y casi oyó la voz del maestro deceremonias:... “Y ahora, Leonardo Mirabal, ganador de la medalla de mérito, va a dirigirles la palabra en nombre de sus compañeros”...
         La voz del otro lo sustrajo bruscamente de sus reminiscencias;
         —No nos veíamos desde la graduación, ¿no es cierto?
         —No, Leonardo —le contradijo—. Desde un año después de aquella fecha. Desde el 15 de septiembre de 1930,exactamente. Aquel día embarcaste para Europa a hacer el curso de post-graduado y yo estuve en el muelle para despedirte.
         —Vaya, tienes una memoria estupenda. La verdad era que no lo recordaba.
         Leonardo pareció que se disculpaba. Vicente se recostó en el respaldo de la butaca y apretó los puños bajo el escritorio al recordar la voz suave del director del colegio mientrasle decía: “Lo siento mucho, señor Izaguirre, pero usted no ganó la beca. El señor Mirabal le sobrepasó por cuatro puntos”. Y la respuesta humillante de él, que todavía lo hacía enrojecer: “¿Mirabal? ¡Oh! Creí que no competiría... ”
         —Todo este tiempo he estado preguntándome lo que habla sido de ti—, dijo en voz alta.
         El otro hizo un gesto vago con la mano y...
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