1408

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1408(****)

Al igual que la popular historia sobre entierros prematuros, todo autor de cuentos de terror o suspense debería escribir al menos un relato sobre la habitación embrujada de la posada. He aquí mi versión del asunto. El único rasgo inusual es que nunca tuve intención de terminarla. Escribí las tres o cuatro primeras páginas como apéndice de mi libro Mientras escribo, con la intenciónde mostrar a los lectores cómo un relato pasa del primer al segundo borrador. Sobre todo, quería aportar ejemplos concretos de los principios sobre los que tanto había parloteado en el texto. Pero entonces sucedió algo fantástico; la historia me sedujo y terminé por acabarla. Creo que lo que nos asusta varía mucho de persona a persona (por ejemplo, nunca he entendido por qué las serpientesboomslang peruanas ponen la carne de gallina a determinadas personas), pero esta historia me dio miedo mientras la escribía. En un principio apareció en el marco de un recopilatorio de libros en audio titulado Bloom and Smoke, y la versión audio me asustó aún más. De hecho, me moría de miedo al escucharla. Pero las habitaciones de hotel son lugares espeluznantes por defecto, ¿no les parece? ¿Cuántaspersonas habrán ocupado esa misma cama? ¿Cuántas de ellas estaban enfermas? ¿Cuántas estaban perdiendo el juicio? ¿Cuántas estaban pensando en leer unos cuantos versículos de la Biblia del cajón de la mesilla antes de ahorcarse en el armario junto al televisor? Brrr. En cualquier caso, registrémonos, ¿les parece? Aquí tienen su llave... y tal vez les dé tiempo a reparar en cuál es el resultado de lasuma de esos cuatro inocentes dígitos. Está al final del pasillo.

I

Mike Enslin estaba cruzando la puerta giratoria cuando vio a Olin, el director del hotel Dolphin, sentado en uno de los mullidos sillones del vestíbulo. Se le encogió el corazón. «Debería haberme traído al abogado —pensó—. Bueno, demasiado tarde.» Y aun cuando Olin hubiera decidido poner otro obstáculo entre Mike y lahabitación 1408, la cosa tenía su lado bueno.

Olin estaba atravesando el vestíbulo con una de sus rollizas manos extendidas cuando Mike salió de la puerta giratoria. El Dolphin se encontraba en la calle Sesenta y uno, a la vuelta de la esquina de la Quinta Avenida, un establecimiento pequeño, pero elegante. Un hombre y una mujer ataviados con trajes de noche pasaron junto a Mike cuando este alargabala mano para estrechar la de Olin tras cambiarse la maletita a la mano izquierda. La mujer era rubia, iba de negro, por supuesto, y la sutil fragancia floral de su perfume resumía la esencia de Nueva York. En el bar de la galería, alguien tocaba «Night and Day» como si pretendiera subrayar dicho resumen.

—Buenas noches, señor Enslin.

—Señor Olin, ¿hay algún problema?

El rostro de Olinaparecía contraído en una mueca de dolor. Por un instante paseó la mirada en torno al pequeño, pero elegante vestíbulo, como si buscara ayuda. En el mostrador del conserje, un hombre hablaba con su mujer de entradas para el teatro mientras el conserje los observaba con una sonrisita paciente. En la recepción, un hombre con el aspecto desaliñado de haber volado muchas horas en clase preferentecomentaba su reserva con una mujer enfundada en un elegante traje negro que podría haber llevado para salir. Una escena de lo más normal en el hotel Dolphin. Había ayuda para todo el mundo menos para el pobre señor Olin, que había caído en las garras del escritor.

—Señor Olin... —repitió Mike.

—Señor Enslin, ¿podría hablar un momento con usted en mi despacho?

¿Por qué no? Sería beneficioso parael artículo sobre la habitación 1408, intensificaría el tono inquietante que los lectores de sus libros parecían adorar, y eso no era todo. Mike Enslin no había estado seguro hasta entonces a pesar de todas sus pesquisas, pero ahora sí. A Olin le daba verdadero miedo la habitación 1408 y lo que podía ocurrirle allí a Mike esa noche.

—Por supuesto, señor Olin.

Como buen anfitrión, Olin...
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