Analisis de apenas un delicuente

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Lila Caimari, Apenas un delincuente. Crimen, castigo y cultura en la Argentina, 1880-1955, Buenos Aires, Siglo Veintiuno editores Argentina, 2004, 312 páginas.
Apenas un delincuente. Crimen, castigo y cultura en la Argentina, 1880-1955, de Lila Caimari, es el producto de muchos años de recolección, investigación, confrontación y minuciosa lectura de fuentes muy diversas: documentos oficiales,prontuarios policiales, memorias, artículos periodísticos, investigaciones científicas, conferencias internacionales. Caimari realiza una historia del castigo administrado por el Estado moderno y de las representaciones de ese castigo en un período que se abre en 1877 -año de inauguración de la Penitenciaría de Buenos Aires- y se cierra en los primeros años de los gobiernos peronistas. Lainvestigación realiza una historia de los cambiantes discursos sobre el castigo y de los instrumentos estatales de control social; y se detiene en los movimientos de reforma social de finales del siglo diecinueve, el surgimiento de la criminología positivista, la instauración de un modelo civilizatorio y cientificista del castigo. A su vez, se dedica al análisis de las relaciones entre sociedad y prácticaspunitivas, los vínculos entre delito y clases sociales, los diálogos entre discursos legales y discursos científicos, las consecuencias interpretativas de causales del delito que son divergentes.
La primera parte del libro está dedicada a la reconstrucción de una historia del castigo administrado por el Estado, una reconstrucción que cumple cabalmente con uno de los requisitos de unainvestigación histórica bien hecha: confronta ideas con materialidades y prácticas, poniendo en relación las teorías punitivas del Estado moderno con las prácticas institucionales ejercidas por ese mismo Estado. El desarrollo de esta primera parte avanza sobre dos andariveles. Por un lado, sobre aquello que dicen "los especialistas": el conjunto de textos, leyes, documentos de juristas, médicos legales,criminólogos, higienistas, que definen teóricamente los instrumentos de disciplinamiento y de control social. Por otro, sobre el vínculo entre esas teorías punitivas y las prácticas institucionales de castigo. Las ideas y las prácticas, entonces, ya que Caimari estudia los modos en que las teorías profesionales sobre el delincuente se transformaron en proyectos, y los itinerarios de esos proyectos cuandofueron puestos en funcionamiento. En el examen de este uso institucional de las ideas científicas, criminológicas o penales, Caimari erige a la prisión como el gran escenario donde se cruzan los saberes y las prácticas sobre el delincuente.
En la segunda parte, Caimari abandona las voces profesionales y especializadas sobre el delincuente y el sistema punitivo para incorporar otras voces: lasvoces de los profanos; las voces de quienes carecen de conocimientos y de autoridad en la materia; la voces de aquellos que, siguiendo a Pierre Bourdieu, están excluidos de los espacios consagrados de definición de un objeto -sea éste la religión, la ciencia o el derecho-, que se contraponen a los especialistas que son quienes gozan del reconocimiento y la legitimidad social de ser los queexclusivamente detentan ese saber, y sostienen el monopolio de la circulación y el uso del capital simbólico referido a la especialización de ese saber.
En esta parte del libro, se produce uno de los momentos de mayor originalidad de la investigación pues Caimari introduce a la sociedad -a los que miran, leen y comentan- en una ecuación que hasta entonces había sido planteada entre dos términos: ya no setrata sólo de pensar a quienes administran el castigo y a quienes lo padecen sino también de pensar a quienes lo están "mirando" y que también emiten discursos sobre el castigo y el delincuente. Sobre este tercer andarivel, la investigación reconstruye el imaginario social sobre el criminal y el castigo a través de algunos de los modos profanos de su representación: las crónicas periodísticas...
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