Analisis del cueno el sueño del pongo de josé maría arguedas

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  • Publicado: 2 de marzo de 2011
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Análisis del cuento: El sueño del pongo de José María Arguedas.

Resumen del cuento:
Un hombrecito se encamino a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de pongo, de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable, su ropas viejas.
El patrón de la hacienda no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludoen el corredor de la residencia.
El hombrecito tenía el cuerpo pequeño, sus fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero había un poco como de espanto en su rostro.
El hombrecito no hablaba con nadie; trabajaba callado, comía en silencio. “Si papacito; si mamacita” era cuanto solía decir.
El patrón sintió un especial desprecio por elhombrecito. Al anochecer, cuando los siervos se reunían para rezar el ave María, el patrón martirizaba siempre al pongo delante de toda la servidumbre; lo sacudía como un trozo de pellejo.
Le empujaba la cabeza y lo obligaba a que se arrodillara y, así, cuando ya estaba hincado le daba golpes suaves en la cara.
Y así, todos los días, el patrón hacia revolcarse a su nuevo pongo delante de laservidumbre. Lo obligaba a reírse, a fingir llanto. Lo entrego a la mofa de sus iguales, los colonos.
Pero…una tarde, a la hora del Ave María, cuando el corredor estaba colmado de toda la gente de la hacienda, cuando el patrón empezó a mirar al pongo con sus densos ojos, ese hombrecito, hablo muy claramente.
-Padre mío, soñé anoche que habíamos muerto los dos juntos. Como éramos hombres muertos,señor mío, aparecimos desnudos. Desnudos ante nuestro gran padre San Francisco. Nuestro gran padre nos examino con sus ojos que alcanzan y miden no sabemos hasta que distancia. A ti y a mí nos examinaba pensando, creo, el corazón de cada uno, lo que éramos y lo que somos. Como hombre rico y grande, tú enfrentabas esos ojos, padre mío.
Entonces después, nuestro padre dijo con su boca: “De todos losángeles, el más hermoso, que venga. A ese incomparable que lo acompañe otro ángel pequeño que sea también el más hermoso. Que el ángel pequeño traiga una copa de oro llena de miel de chancaca más transparente”.
Dueño mío: apenas nuestro gran padre San Francisco dio la orden apareció un ángel, brillando, alto como el sol; vino hasta llegar delante de nuestro padre, caminando despacio. Detrás delángel mayor marchaba otro pequeño, bello, de luz suave como el resplandor de las flores. Traía en las manos una copa de oro.
-“Ángel mayor: cubre a este caballero con la miel que está en la copa de oro; que tus manos sean como plumas cuando pasen por la piel del hombre.” Y así el ángel excelso, levantando la miel con sus manos, enlució tu cuerpecito, desde la cabeza hasta la uña de los pies. Y teerguiste; en el resplandor del cielo la luz de cuerpo sobresalía, como si estuvieras hecho de oro, transparente.
-Cuando tu brillabas en el cielo, nuestro gran padre San Francisco volvió a ordenar: “Que de todos los ángeles del cielo venga el de menos valer, el más ordinario. Que ese ángel traiga en un tarro de gasolina excremento humano”.
Un ángel que ya no valía, viejo, de patas escamosas, al queno le alcanzaban las fuerzas para mantener las alas en su sitio llego ante nuestro gran padre; llego bien cansado; con la alas chorreadas trayendo en las manos un tarro grande. “Oye viejo embadurna el cuerpo de este hombrecito con el excremento que hay en esa lata que has traído; todo el cuerpo de cualquier manera; cúbrelo como puedas. ¡Rápido!” Entonces con sus manos nudosas el ángel viejosacando el excremento de la lata me cubrió desigual el cuerpo, así como se echa barro en la pared de una casa ordinaria, sin cuidado. Y aparecí avergonzado en la luz del cielo, apestando.
Cuando nuevamente, aunque ya de otro modo, nos vimos juntos ante nuestro gran Padre San Francisco el volvió a mirarnos, ya a ti, ya a mí, largo rato. Y luego dijo: “todo cuanto los ángeles debían hacer con...
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