Antologia de poemas

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Sucursal del paraíso[1]

desde el primero de enero de 1.959,
han abandonado cuba cerca de qui-
nientas mil personas; se calcula , ade-
más, que el número de fusilados as-
ciende a 10.717 y el de prisioneros
políticos a 81.706 ciudadanos.

maiacovski sonríe con el cráneo destrozado por
un pistoletazo.
su cuerpo cae sobre lenín, achatándole el hocico.
y las gentes ven, entonces , avoloshin
morir de hambre, mendigando en los puertos
de crimea.

lenín limpia los espejuelos
pausadamente ,
como lo haría manuel agustin aguirre.
tose alguien, pero sin nombre.
en la habana los perros levantan la pata
y orinan con reverencia:
al fondo iluminados paredones,
la muerte pinta carteles de sangre sobre ellos,
pero los perros levantan la pata y orinan,
meneando susmelenas y sus barbas .

decienden los días, uno tras otro,
hasta ciertas fosas;
cuentan los cadáveres
y en realidad son innumerables
los ángeles que claman por la libertad de cuba.
a los fusilados, manos milicianas los siembran
en la tierra
a media noche,
y a la mañana florecen
metrallas vengadoras.

los perros corren desde la habana a santiago.
husmean como lenín, alargando elagresivo hocico.
no saben donde, pero, pese a ellos,
se ha dado un tajo a la oscuridad y agonizan para
siempre.

La Lluvia[2]

No los ojos del sol
regados en el patio,
no las calles
con cara de Domingo,
no la andante sonaja
de los niños,
no ruiseñores líricos,
no cantos,
no jardines.
No sé por qué
hasta a los nardos
les han echado lodo
en el vestido.

La lluvia nada másdisolviendo el gentío
el frío
con sus filos colmillos,
el fogón apagado
en las cocinas,
la furia de los piojos
en los ponchos raídos
de los indios.
La lluvia nada más.
Como una maldición, la lluvia
cayendo sobre el día.

Libres y Lejanos[3]

te has marchado…
es cierto que contaré las lunas blancas
murmurando tu voz en mí escondida
y te buscara mi dolor
en tu trabajo, tus tardes, tusrecuerdos
aún
he de besarte cada vez que te abandones
cuando saltes al sol del mediodía
-bien sé que aún alienta mi ser bajo tu sombra-

pasará el viento
lloverá ceniza
flotaremos…
libres ya
sonreiremos
sin mirarnos ni encontrarnos
tú en tu vida deslindada de mi vida
yo… en un nuevo trance…
viviremos
como viven las hojas en otoño
ciertas de espera la nueva primavera
esperaremos
en unsueño estival y sin premura
que llueva fuego
y nos moje entre sus ruinas
cual Fénix centelleante el nuevo hechizo
de encontrarnos al fin
libres y lejanos.

Aparición nocturna[4]

Van y vienen.
La noche se estremece: la tiniebla
convierte sus entrañas en un coto de caza.
Son los merodeadores.
Disputan una presa mezquina en demasía:
una hoja de papel empapada de sangre,
los despojosde un ave, el cuero de una rata,
un movimiento insano de la sombra.
Los perros se introducen, sin romper las ventanas,
en las habitaciones.
Sólo son un gruñido, un desafío.
O sólo son el hambre.
La calle abre las puertas: suelta sus criaturas
cerca de los durmientes, encima de los sueños.
Luego, se calla. Sale, fuera de estas paredes.
Por mi lecho, aún caminan, raudas o demoradas,
laspatas de las bestias.

Las palabras del hongo[5]

Hasta aquí llego con vosotros,
hierba, flores.
Hasta hoy la bestia me quebranta.
Voy a salvar mi tallo.
Mañana,
bien temprano,
juntaré mis raíces
y, en secreto,
treparé por la piel de un campesino,
hasta sentirme humano.
Llevaré mi veneno porque al hombre
algo como una hormiga
lo ahueca en un costado,
y tendré que mirar por sus dosojos,
oír por sus orejas
y gritar por sus labios.

Lección de tiempo[6]

Anhelamos el quejido de las fauces amigas. Codiciamos esa sangre
retenida por el último latido que desea nuestra muerte.

Afilamos estos dientes en el cuerpo del vencido.
Sólo entonces, la llegada de la noche se parece a la amapola.

Su flor nos seduce y nos deja en un campo sembrado de abismos.
Y de tanto...
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