Beata elena guerra

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“Forjados por el Espíritu sembraremos la cultura de Pentecostés”

La imagen que vemos – Elena Guerra señalando hacia el símbolo del Espíritu Santo –, es como una síntesis ilustrativa de toda la obra y de todo el empeño de nuestra beata. Es como si aún hoy, ella en esa imagen, estuviera diciéndonos: “¡Retornemos al Espíritu Santo, para que Él retorne a nosotros!” Y ese retorno no puede resumirse– o agotarse – a un momento, una ocasión.

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“Forjados por el Espíritu sembraremos la cultura de Pentecostés”

“En cada momento; pero especialmente, en los más decisivos, la Iglesia se pone a la escucha del Espíritu. Así, pues, fue en el Cenáculo de Jerusalén, donde ocurrió el primer „concilio‟ que abrió las puertas a los paganos…” (Juan Pablo II, Discurso Mariano del 20 de mayo del 2001)“La renovación de la faz de la tierra, prevista por Elena Guerra, es una renovación perenne, no ocasional. Ella consagró su propia existencia a la tarea de retornar al Espíritu Santo para decir que: la vida del hombre debe regenerarse, que el Amor debe ser redescubierto, transformándose así en el principio propulsor de la historia; y para afirmar que, por medio del Espíritu Santo, el hombre sevuelve capaz de acciones que, de otra forma, serían imposibles…”
(Amedea Andreini, “La Voce Dello Espírito Santo. Elena Guerra: Il pensiero y l’opera”. Ediciones San Pablo, 1998. Milán, pág. 195)

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“Forjados por el Espíritu sembraremos la cultura de Pentecostés”
I.- NOTAS INTRODUCTORIAS 1. El siglo precedente, en los círculos cristianos, está entrando a la historia como el “siglo delEspíritu Santo”. Después de un largo periodo de acentuada hibernación, la reflexión teológica, el incentivo al culto y a la devoción, la producción literaria (popular) así como las canciones específicas envolviendo a la persona y a la misión del Espíritu Santo, resurgen con un dinamismo y un alcance admirables. Justificaciones de lado como el incidente con la comunidad de Montano en Frigia, en elsiglo II, que opuso carismas e institución; la dedicación casi exclusiva y necesaria de la Iglesia a la Cristología, para defender la figura de Cristo de las herejías emergentes, en perjuicio de una correspondiente pneumatología; la teología trinitaria de San Agustín, afirmada en torno de la naturaleza divina – que considera a las personas divinas en sus relaciones en el interior de la Trinidad, peroque no enfatiza las misiones divinas; el cisma con el Oriente, que nos hacía reflexionar con una pneumatología basada no solamente en un equilibrio entre las 2 misiones divinas, sino que también destacaba la originalidad de la misión del Espíritu; y también la misma kénosis del Espíritu – el “Dios sin rostro” que actúa a través de limitadas realidades humanas, hicieron que por mucho tiempo, no senos enseñara a percibir, de manera que se interrogase nuestra fe, los criterios de identificación de las señales de actuación del Espíritu Santo en el mundo, en la Iglesia y en nuestras vidas. Faltaron predicaciones al respecto, así como una adecuada catequesis, culto perceptible a la tercera persona de la Trinidad que, obviamente, nunca dejó de actuar entre nosotros… 2. Entre otros diversoselementos, dos eventos tuvieron especial significado en esta consideración recuperada de la persona del Espíritu Santo en nuestra espiritualidad en el último siglo: uno de ellos es el de la Beata Elena Guerra y el Papa León XIII, y el otro está relacionado al Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II (siendo que los dos eventos entre sí, también se relacionan por esos hilos con que la ProvidenciaDivina teje, cruza y prepara los caminos por los cuales el Espíritu “entra incesantemente en la historia del mundo a través del corazón del hombre”1 En este año 2009, dando continuidad al propósito de difundir la espiritualidad de Pentecostés – a la que nos exhortaba en el 2004 el Papa Juan Pablo II – y la efusión del Espíritu – como subraya Don Alberto Taveira Correia, nuestro Asesor Episcopal -,...
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