Bombones amargos

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AUTOR: ENRIQUE GÓMEZ SOCÍAS.
BOMBONES AMARGOS.

Lenti – rápido el tiempo ha transcurrido. Aguaceros y lloviznas han mojado la tierra muchas veces y como siempre, el sol, amarillo y caliente, con o sin arcoiris, la secó otras tantas. La vida, por suerte, sí cambió, es distinta. Sin embargo hay recuerdos que aunque quieras borrar no puedes. Se te pegan, se levantan y acuestan a tu lado. Aveces vuelan como esos pájaros que van hacia el sur, es como si se fueran pero, como ellos, cuando menos lo imaginas ahí están de regreso… y entonces vuelves a ser niño, a correr entre montes, a reír sin un real motivo, a creerte feliz sin serlo, a ver de nuevo a la maestra regañona, a mofarte del bobo del pueblo y hasta a sentir bajo las costillas el dolor seco del hambre o la hincada en el duropie descalzo.

Tenía yo entonces muy pocas cosas: mis zapatos viejos, un único pantalón zurcido… y un orgullo tremendo, enorme, de ser sobrino de Dña. Jacinta, la mujer más rica del pueblo.

Cuando me preguntaban quién era, a mi nombre siempre agregaba:

- El sobrino de Doña Jacinta.
Y para evitar confusiones agregaba:
- La que vive en la casona, frente al parque.
En realidad tía erarica, muy rica. No de siempre pero hacía ya muchos años que era la viuda de Alfonso, gallego de pantalón único de pana y toda una vida detrás del mostrador, donde, con ayuda del tocino, los garbanzos y… otros negocios, llegó a poseer, una muy bien escondida y enorme fortuna; mientras mantenía, como en los inicios, su catre de hedionda lona y muy estrecho para dos, en la trastienda, rodeadode fuertes olores a sudor, cebollas, alpargatas sucias, arenques, y alcaparras secas.

Don Alfonso era muy tacaño, por temor a que le costaran dinero, había hecho pocas locuras en la vida. Sin embargo, no pudo evitar cometer las tres más grandes y caras de su simple existencia en un tiempo relativamente breve: primero se enamoró de mi tía, después, en seis meses, se casó con ella y pasadosdos años de la boda consumó la peor…

Tía domó al gallego como a un caballo: le hizo creer que era garañón y cada noche, como si la cama fuera un picadero, le exigía un desenfrenado galopar. El penco terminó extenuado, sin recelos, comiendo de la misma mano que dilapidaba su dinero a raudales. Ante cada nuevo gasto, Alfonso hizo el hábito de llevarse las manos a la calva, y murmurar más quedecir:

- ¡Ay dios mío, esta mujer me arruina, me arruina¡

Por costarle, el matrimonio le costó la vida al gallego. El día que celebraban el segundo aniversario nupcial, tanto le suplicó mi tía, que él accedió a revelarle, como muestra de amor y confianza, donde ocultaba la hacienda reunida en tantos años de duro trabajo. Fue la última y más grande de sus locuras en apenas tres años.Esa noche, su viejo y maltratado cuerpo no resistió la carrera a que lo sometió su mujer transformada en insaciable potra . A horcajadas sobre ella dio un grito y cayó de espaldas. Ya estaba muerto.

Cuentan, los que ayudaron a vestirlo que, aunque trataron de cambiarle la expresión cuando lo amortajaron, no lo lograron. La cara que todos vieron a través del cristal del ataúd reflejaba talagotamiento de lujuria, que provocó que muchos, después de mirar al difunto, echaran una mirada, muchas indiscretas, a la viuda; era clara la intención de estimular oscuros pensamientos. Ella, hasta con el vestido de luto riguroso, exhibía sus dones de hembra en celo permanente. Jacinta se veía como asustada, pero fresca, erótica y hermosa.

Tía hizo con el dinero heredado lo que se hace conel que cae del cielo: gastarlo sin miramientos, compró auto, ropas y perfumes carísimos; casa nueva con más lujo que comodidades, con cuartos de huéspedes y habitaciones para los criados y hasta muebles de un estilo Luís, que no recuerdo el número ni creo que ella lo supiera.

Nosotros, sus sobrinos pobres, íbamos de vez en cuando a saludarla y ella nos recibía con un sonado y húmedo beso. En...
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