Carta a rosa

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CARTA A ROSA
Sobre escribir y otros silencios.

Juan M. Fernández Chico.
jmfernandezchico@gmail.com
www.entrecaos.wordpress.com
+52 (656)267-7781.

Una de las cosas que más me intriga en la escritura, son las cartas. Estas que se dejan en el buzón, que se escriben con un remitente que, a veces sin saberlo siquiera, las espera impaciente. Ese instante en el que es recibida, con el buzón yel sobre cerrados, nuestro nombre escrito que se le prestará momentáneamente a esa carta. El instante en el que es abierta y se desdobla (normalmente viene el papel doblado). A simple vista, las letras parecen haber sido lanzadas al azar en la hoja. Pero acercando la mirada, nos damos cuenta que es todo lo contrario. El caos demuestra que, con mirada detenida, hay un orden aparente. Lasformulaciones de las letras, en eterna complicidad entre ellas, forman palabras, párrafos, ideas. Son arrojadas como perros en una cacería. Entonces, bajo la estrategia de sí mismas al juntarse, la carta cumple su objetivo cuando es leída.
Hay un filósofo alemán, Martín Heidegger, que en una conferencia sobre arte y poesía dijo que toda obra de arte está inconclusa si nadie la ve: el espectadortiene que cruzar su mirada con la de ella. ¿No sucede lo mismo con la carta? Imagínate el momento tan incierto de una carta mandada por el servicio postal, que bien podría perderse o ser robada. Tal vez nunca llegue a donde tenía que llegar, y su viaje sea sólo un tránsito inacabado. El escritor de esa pequeña y humilde obra de literatura espera a que su único lector la desdoble y la concluya: sinél, la carta es un intento fallido, incompleto. Hace poco encontré esto de Jorge Luis Borges: “El lector escribe la obra una y otra vez.” Así, como si no bastaran las buenas intenciones del autor, el que lee concluirá constantemente ese pequeño instante cuando regrese a él.
Pero hay otro filósofo, Slavoj Žižek, que, retomando lo dicho por Jacques Lacan, escribe que una carta siempre llega asu destino: el que espera, a través del mundo que ve, encuentra el mensaje en una carta que tal vez nunca llegue. Es decir, que las cartas, como simples espacios de escritura, tal vez nunca encuentran su destino primordial, pero siempre llegan a demostrar lo que buscan decir. Llegan al lugar que tenían que llegar.
Peter Sloterdijk, en un bello libro titulado Normas para el parque humano,inicia citando las palabras del poeta Jean Paul, quien dice que los libros son extensas cartas para los amigos. Creo tiene cierta razón, pues para otros autores (sólo soy capaz de recordar al colombiano Gabriel García Márquez y al mexicano Gustavo Sainz) se escribe para la gente que nos conoce. ¿Quién nos conoce mejor que nuestros amigos? Imagínate que esta carta extensa, convertida ya en unlibro, se extiende y se traduce por todos lados. Traspasa las fronteras del tiempo y el espacio para llegar a las manos de alguien que no conoce al autor. La lectura de la gran carta tiene un halo de relación con él mismo. El libro le recuerda lo que fue o lo que será. El lector, cuando termine el libro, sentirá que esas palabras replegadas en el papel sólo eran una gran carta escrita para él.Sloterdijk dice que si esos viejos escritores de cartas convertidas en libros, supieran los amigos que han hecho, seguramente nunca las hubieran escrito.
En un libro que escribimos mi amigo Luis Alfonso Herrera y yo (que por cierto eran también cartas), recuerdo que le decía que si para Jauss, los libros eran provocadores de ideas, las cartas tenían que ser puentes por donde éstas transitan.Porque finalmente somos costas con un eterno mar en el centro, tratando de llegar hasta el otro rincón lejano de la nuestra. El mismo Martín Heidegger, en otro espacio, dijo que hay una necesidad de recolección (experiencias, objetos, recuerdos) que muestren nuestra estancia en la vida, las cuales son empujadas por la constante persecución de un fin, es decir, la muerte. Sigmund Freud, el famoso...
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