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TEMA CENTRAL

Cultura latina en Estados Unidos

El enemigo en casa
Huntington y la «invasión latina»

Fernando Escalante Gonzalbo

El más reciente libro de Samuel P. Huntington, dedicado a definir la identidad de Estados Unidos, tiene interés, sobre todo, como síntoma. Es indicio de un clima de opinión dominante entre los conservadores de ese país que piensa el mundo en términos deidentidades culturales rígidas, incompatibles, enemigas. Lo más notable y lo más conocido es la construcción de un estereotipo del Islam como enemigo de Occidente. El libro de Huntington, en un giro peligroso, busca al enemigo en casa, concretamente, en los inmigrantes latinoamericanos y sobre todo mexicanos que son, según su argumento, inasimilables y por lo tanto representan una amenaza para laseguridad de Estados Unidos.

Introducción

Se puede hablar interminablemente sobre la identidad, la de cualquier grupo. Siempre será un tema confuso, discutido, difícil de manejar, no porque sea en sí mismo más complejo que otros, sino porque las identidades son por definición imaginarias y pueden construirse echando mano de cualquier cosa. El problema puede resumirse en una frase: hablar sobrela identidad es hacer
Fernando Escalante Gonzalbo: doctor en Sociología; profesor en el Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. Entre sus libros se destacan Ciudadanos imaginarios (El Colegio de México, 1992), Una idea de las Ciencias Sociales (Paidós, 1999), La mirada de Dios. Estudio sobre la cultura del sufrimiento (Paidós, 2000) y Otro sueño americano. En torno a ¿Quiénessomos?, de Samuel P. Huntington (Paidós, 2005) Palabras clave: identidades, valores, latinos, Samuel P. Huntington, Estados Unidos.

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El enemigo en casa

política. Se sepa o no, se haga o no con esa intención, enunciar una identidad, definirla o defenderla es hacer política en el sentido más básico de la palabra: se trata de establecer lo que nos separa de los otros,lo que nos hace diferentes de ellos; la identidad se define siempre en un campo estratégico donde lo que importa son las fronteras. Eso no es en sí mismo malo, pero es necesario tenerlo presente. Ninguna identidad colectiva es natural ni definitiva; pueden proponerse muchas: de base religiosa, lingüística, jurídica, y cada una significa una agrupación diferente. Todas tienen un adarme de verdad o,al menos, todas son verosímiles en alguna medida, todas son engañosas también porque omiten algo –mucho, tal vez– de lo que tenemos en común con ellos, los otros, y oscurecen a la vez todas o casi todas las diferencias que hay entre nosotros. No es más natural ni más obvio sentirse americano, latinoamericano, mexicano, indígena u otomí, que sentirse cristiano, de izquierda u obrero; uno no esesencialmente nada de eso. Ahora bien: esa misma precariedad hace que las identidades se afirmen de manera beligerante, tanto más cuanto más problemática sea la frontera entre ellos y nosotros. No digo nada nuevo. En el fondo, es posible que toda política sea una política de identidad, incluso cuando apela a los puros intereses individuales de los consumidores, los contribuyentes, los ciudadanos;después de todo, su eficacia depende de que los individuos se reconozcan efectivamente como consumidores, contribuyentes o ciudadanos. Pero no es eso lo que me interesa, sino la tendencia reciente a pensar en términos de identidades étnicas, nacionales o religiosas, identidades culturales que se refieren –se supone– a rasgos fundamentales e inmodificables que constituyen un modo de vida, un modo deser. Identidades reificadas, pensadas como una cosa sólida, de fronteras perfectamente claras, con una existencia objetiva e indiscutible. Se escucha hablar con toda naturalidad de civilizaciones, nacionalidades y culturas con un lenguaje que parece traído de los años 30 del siglo pasado, y es un lenguaje que tiene éxito. Tampoco hay en ello un gran misterio: resulta muy sencillo pensar mediante...
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