Cuento los chicleros de petén. por: francisco efraín romero tzin

LOS CHICLEROS
(cuento regional de Petén)
… La Ixtabay con su larga cabellera negra y el Duende con su gran sombrero, lanzaron un gemido profundo que me heló hasta la sangre. Lloraron desconsoladamente por mucho tiempo y con paso triste se alejaron abrazados más al norte, de Carmelita más al norte, del Mirador, más al norte y desaparecieron entre los pocos árboles que quedan de la selvapetenera…- y les escuché decir: - Adiós Petén querido, adiós y para siempre…
Mis abuelos que eran mozos en ese tiempo, se apresuraron a preparar sus bultos de utensilios de chiclería y comida para introducirse en la selva virgen de Carmelita. Eran los años sesenta. Don Silvio y Don Túo como viejos compañeros de chiclería se alistaban para emprender su nueva temporada dentro del inmenso follaje verde de laselva petenera.
Salieron desde la Península de San Benito, Petén embarcados en una pequeña canoa que los llevaría hacia San Andrés. El Lago Chaltunjá lanzaba el brillo del sol tan rápidamente como que le quemara sus entrañas. Pasaron frente a la Península de Tayazal y minutos más adelante los dos se empinaron en la canoa para ver aquel majestuoso paisaje del “caballo de piedra” que aún semantenía imponente y rígido dentro del fondo del lago.
Desembarcaron a las orillas de San Andrés, el bello cerro de plata les esperaba para iniciar su caminata hasta la salida, rumbo a Carmelita. Les aguardaba Neto, quien estaba encargado de darle las bestias que los acompañarían en su larga temporada del chicle.
-Será que le hacemos falta a las viejas que dejamos en casa? –preguntó el pícaro abueloSilvio a PapaTúo, como le decían mis primos.
-Yo creo que ya les aburridos, peor vos que eres muy borracho. –respondió Don Túo (pues se llamaba Gertrudis).
-Pos yo como soy mujeriego y la Juana me espera en el campamento no me preocupo, le llevo un par de caites pa’ tenerla contenta –y añadió- pero vos como te la llevas de santo, aunque sea con el palo de chicozapote de consolás, abrazándolo todoel día, ja, ja, ja.
-No seas pesado Silvio. Que cuando te empiece a chingar no vas a aguantar, -dijo Túo y golpeando a los caballos desaparecieron rápidamente enfilando hacia el norte.
Por un tiempo no hablaron, solamente estaban ocupados en dirigir las bestias por el camino angosto, librándolos de los bejucos y ramas del camino.
¡Que belleza! Se respiraba el fresco aroma de las floressilvestres, del xiquinché, de la flor de izote, del guano, del guarumo, bajo la húmeda hojarasca de los árboles frondosos que semejaban besaban al cielo. El sol ya no brillaba, opacado por lo tupido de las ramas y hojas, verdes como lo profundo del alma de los chicleros fallecidos en las entrañas boscosas, grises como nostalgia de recordar los tiempos de antaño de las selvas vírgenes peteneras y coloridocomo la utopía y la esperanza de un Petén libre de crímenes, de sangre y de desprecio por los recursos naturales...
No sé cuanto tiempo pasó, pero la tarde llegó y aún no avizoraban el Cruce de Dos Aguadas. El camino se había vuelto más lodoso, quizá por la tempestad de un día anterior… El lodo negro se pegaba a las patas de los caballos y mulas, se avanzaba lentamente. El sol se estabaponiendo…el abrazo oscuro de la noche llegaba, con besos tibios de penumbra y silencio. Sólo despertaba el ansia de los viajeros, los gritos del saraguate, del ritmo preciso del pájaro carpintero, de los silbidos de las aves silvestres que le daban la bienvenida a lo profundo de la selva, a los chicleros que dejaban todo por ganarse la vida, trepados a los árboles. Aquéllos los herían despiadadamente, confuror y sudor en las frentes, y éstos en sus gestos de amor dado por El Creador, les abrían su piel, manando la sangre blanca, espesa, pura, grata y codiciada, que corría lentamente bajando pausadamente hasta las bolsas de hule. ¡Que contradicción! Los humanos explotamos, maltratamos y violentamos el alma y el cuerpo virgen de los árboles, y ellos mudos, callados, sin derramar una sola...
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