Cuento

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UN CUENTO DE PRINCIPIO FELIZ
Cristobal Reyes Ribata

Murió, el 11 de Abril de 1945, después de una triste y corta estancia en el austero hospital del pueblo, donde sus condiciones decayeron rápidamente.
No abrió la boca ni una sola vez, ni para hablar, ni para alimentarse. Nunca presto atención a las indicaciones de los médicos y se negó fuertemente a tomar sus medicamentos, a pesar delesfuerzo de los enfermeros, en quienes provocó un gran asombro y cierto afecto melancólico. No la vieron llorar, pero su mirada les hablaba de una tristeza profunda, muy cercana a la sensación de la muerte misma, la soledad de las verdaderas soledades y no aquella ligada a cuestiones egoístas. Pasó sus últimos días viendo horas y horas un feo cartel donde se explicaban algunas enfermedadesestomacales. En su pequeño cuarto, enfrente de su humilde cama y al lado de esté cartel, había una gran ventana con vista al amplio jardín del edificio; cuyo motivo principal, las rosas, fueron flores que jamás conoció.
Los primeros días después del incidente, su historia deambulo y habito cada construcción del pintoresco pueblito disfrazada de rumores. Nadie entendió la causa, nadie pudo explicar,valiéndose de la razón, tan horrible acto. Todos sus conocidos aseguraron que siempre demostró ser feliz y tranquila, además de que sus reproches y caprichos nunca fueron más allá de lo normal. ¿Cómo pudo tener lugar, entonces, en una mente tan inocente, la sola idea del suicidio?...
No grito, ni pidió ayuda, ni siquiera cuando la encontraron el último día de marzo en el interior del oscuro pozo,ubicado en el patio trasero de aquel antiguo y grande orfanato. 6 días en total fueron los que vivió en ese recóndito sitio. Enmudecida de pies a cabeza, tan silenciosa como las piedras de tepetate que formaban los estrechos muros a su alrededor. Durante su ultimo día en el pozo, estuvo largo rato intercambiando miradas con un larguirucho y medio desplumado zopilote que la observaba parado desde laorilla del pozo; esté huyó espantado al darse cuenta de que era observado por el conserje, quién guiado por la curiosa imagen del pajarraco, se acercó al pozo.
El pozo, ya casi es de noche pero estoy en el pozo – pensó. Estar allí es lo único en lo que debía confiar; estaba segura de que su problema se resolvería de alguna forma, después de todo, Helen ya lo había hecho. Fue realmente fácil bajar asu interior ayudándose con la cuerda usada para disponer del agua. No pensó mucho en las consecuencias, pues la desesperación reinaba en su interior, en aquel fatídico instante en que vio el pozo.
Le había parecido el sitio perfecto, cuando salió rápidamente de su cuarto y una voz lejana la llevo misteriosamente allí. Su mirada se recompuso entre lagrimas, aún así siguió inspeccionando aquelpapel letra por letra, pedazo por pedazo, en búsqueda de lo que en realidad quería encontrar y que no era más real que la esperanza misma. “Lo siento” era lo único que estaba escrito en aquella carta de Mr. Bright, que recibió justo aquella tarde, el día que determinaría su futuro gris. La espera no fue para nada larga, menos de un mes.
Lo único que quería era abandonar para siempre el orfanato;la carta era un pasaporte hacia lo que de verdad anhelaba, incluso investigó que eran las rosas y tuvo curiosidad por conocerlas. Quiso avisarle a Helen la gran noticia, pero no la dejaban verla porque decían que las visitas no estaban permitidas y que no debía perturbarle. La esperanza emergió cálidamente en ella, cuando Mr. Bright se comprometió a mantenerla en contacto con ellos por medio decartas puesto que su padre aun no sabía escribir ni leer.
-Volveré por ti, la guerra está a punto de terminar y por fin volveremos a estar juntos, esta vez para siempre. Sin embargo, en realidad estoy orgulloso de ti, me entere de lo que pasó con tu amiga y aún así te ves feliz, probablemente, como las rosas, a mi hermosa hija ya le salieron las primeras espinas- le dijo con voz entrecortada y...
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