Cuentos

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Mar de Historias
Por su propio bien
Cristina Pacheco
Doña Imelda (79 años) ocupa el asiento trasero de un automóvil compacto. Por la ventanilla abierta lo observa y lo escucha todo:
Familias y parejas atraviesan el estacionamiento del supermercado. (Mejor calidad y precios bajos.) Una mujer embarazada sigue las instrucciones que le da el vigilante para que ella pueda acomodar su automóvilentre dos tráileres llenos de mercancía. (Viene, viene. Hasta allí, ¡bueno!) Una pareja de jóvenes comparte un helado y se besa. (Tienes la lengua fría.) Una mujer corre seguida por dos gemelos. (Al que me gane lo subo en el carrito.) Un anciano se detiene abruptamente y revisa la cuenta. (Creo que me cobraron de más.) Un niño termina de beberse un refresco, arroja el envase y le pega con la puntadel pie. (¡Gooool!) Una pareja desciende de una camioneta y le da instrucciones a su french poodle blanco. (Te quedas quietecito. No tardamos.)
Un hilo de sudor escurre por el cuello de doña Imelda. Toma la revista que su hija Eréndira le prestó y se abanica con ella. (Ponte a verla mientras Nico y yo regresamos.) Es suficiente para que recuerde un festival escolar en donde salió de princesa. (“Laobra se llamaba Patricia y esclava.”) Ese logro de su memoria prueba que está muy lejos de padecer la enfermedad del olvido. Se lo contará a Eréndira para que deje de considerarla una especie de inválida mental. (Mamá: si te prohíbo que vayas sola al banco es por tu propio bien. ¿Qué tal si te asaltan o te pierdes?) ¿Por qué tienen que atracarla precisamente a ella? (Porque ya le ha pasado a mediomundo.) ¿Por qué supone que pueda perderse? (Qué preguntas. Ya estás grande y a las personas mayores, bueno, tú sabes, se les olvidan las cosas.) Doña Imelda suspira. (No todas, ni tampoco las que daría cualquier cosa porque se borraran de mi memoria.)
II
Se vuelve a mirar al french poodle y se pegunta si al animalito también le prohibirán salir a la calle. (Por su propio bien.) La idea de quepueda ser así acrecienta su afecto por el perro. Le gustaría que se llamara como el cachorro que le regalaron sus papás cuando era niña. Procura recordar su nombre, pero no lo consigue. Tal vez su hija lo sepa porque le ha hablado mucho de él. (“Ay mamá, ¿otra vez con la misma historia del Bucles?”)
“¡Bucles!”, exclama Imelda. El nombre la remite a la tarde en que jugaba con su perro ante laentrada de su casa. (“Ahí va la pelota, Bucles, ¡alcánzala!”) El cachorro había logrado la hazaña infinidad de veces, pero aquella fue la última: un tranvía lo destrozó.
Imelda se da cuenta de que su cara está húmeda. Se apresura a enjugársela con las manos, pero sigue llorando. (Otra cosa, doctor: mi mamá, de nada y nada ¡llora!) No puede evitarlo por más que se diga la frase que tantas veces lerepitieron sus padres para consolarla de la pérdida. (Nena: tranquila, ya pasó.) Al ver que no la convencían, su papá prometió regalarle otro perrito más lindo. Ella se negó. (Malagradecida. Él lo hace para que no sigas triste y mira con lo que le sales.) A Imelda le sorprende que su madre no haya entendido que el motivo de su rechazo era la lealtad hacia su primera y única mascota, Bucles.
Absortaen el recuerdo, apenas tiene tiempo de ver que se aleja la camioneta con el french poodle. Levanta la mano y la agita en señal de despedida. Ver el espacio vacío junto a su coche la angustia. Sin el perrito blanco se siente sola, perdida, como cuando Bucles murió. Estira el cuello con la esperanza de reconocer a Nico y a Eréndira entre la gente que sale del supermercado y se dirige alestacionamiento.
Sólo ve personas desconocidas que abren las cajuelas, meten las compras y después abordan sus coches. (Se me olvidó el vinagre, pero ¡ya ni modo!) La divierte notar que todos los movimientos son iguales, acompasados, como si esas personas estuvieran realizando una tabla gimnástica.
III
A ella le encantaba ensayarlas con sus alumnos. (Giren los brazos, pero no se golpeen.) Lo hacían en el...
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