Cultura de la paciencia

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CULTURA DE LA PACIENCIA (Ricardo Ribera) .

Difícilmente podría exagerarse la magnitud que ha cobrado el problema de la violencia en el país desde la firma del Acuerdo de Paz. Las cifras hablan por sí mismas. A mediados de los años setenta la tasa de homicidios en El Salvador estaba en 30 por cien mil habitantes, en los ochenta subió al doble, mientras que ahora asciende a unos 130 por cienmil habitantes. La tasa de homicidios es, en la actualidad, el doble que en la década pasada mientras con respecto a la década de los setenta se ha más que cuadriplicado. Y éste es sólo uno de los índices – aunque el de mayor gravedad – de las múltiples manifestaciones de la violencia en El Salvador de posguerra. No hay zona geográfica del país ni sector social que no esté siendo golpeado por elflagelo de la violencia. A la que podríamos denominar "delincuencia normal" se agregan remanentes de violencia provocada por antiguas rencillas y enemistades entre familias, venganzas personales, crímenes pasionales, violencia intrafamiliar, abusos y agresiones en los centros de trabajo.
Completan la lista nuevas formas de violencia que se han puesto "de moda" competencias y deportes violentos,maras estudiantiles y pandillas juveniles en
los barrios, como componentes de la nueva subcultura de los jóvenes, que se ha extendido por el mundo y ha penetrado también con fuerza en nuestro país. Por otra parte, movimientos sociales y grupos reivindicativos mantienen la tradición de usar métodos violentos para hacer valer sus demandas. Incluso entre el ciudadano común y corriente se han vueltocotidianas la agresividad y violencia, las que asoman ante el menor incidente, roce o malentendido.
No obstante, dejarnos llevar por esa línea de razonamiento puede resultar demasiado unilateral. Fácilmente nos conduce a un "mea culpa" colectivo, desde la inspiración periodística de algunos titulares: "El Salvador, el país más violento de América Latina", "San Salvador, la ciudad más peligrosa delmundo". Medio orgullosos y medio humillados por tan tristes récords, fácilmente podemos dejarnos deslizar en el error de acusar a la salvadoreñidad (a sus tradiciones o a sus genes) por esa lamentable notoriedad. Significaría olvidar que la violencia implica agresores, pero también víctimas. Y que son muchas más las segundas que los primeros. En El Salvador somos mayoría, amplia mayoría, lasvíctimas. Pese a la magnitud de las cifras, los victimarios son una minoría. No hay que olvidarlo. El discurso sobre la cultura de la violencia tiende a generar la falsa impresión de que en El Salvador la gente es violenta. Eso no sólo es discutible. ¡Es falso!
En pocas partes puede encontrarse tanta gente pacífica, amable y paciente como en esta sufrida tierra. Es incierto que el salvadoreño seaculturalmente violento y mucho menos que la mayoría lo sea. Es más bien al revés. El grueso de la población ha desarrollado en este país virtudes auténticamente estoicas. Cabría afirmar que el pueblo salvadoreño se muestra, por lo general, excepcionalmente paciente. Detrás de la cultura de la violencia, que brilla majestuosa como la luna en el cielo, hay, al igual que en la luna, otra cara que permaneceoculta: es la cultura de la paciencia. Es la que comparte la mayoría de personas que habitamos en este rinconcito del mundo. Insisto: la cultura mayoritaria en El Salvador es la cultura de la paciencia. Sólo ella explica la capacidad de "aguante" que tiene la gente en el día a día. Resulta hasta sorprendente la paciencia con que las personas aguardan para ser atendidas en cualquier oficinagubernamental. Con qué humildad y resignación hacen la espera en algún consultorio del Seguro Social. Cómo se tragan la indignación ante el abuso y maltrato de motoristas y cobradores de los buses y cómo sufren calladamente as imprudencias, sacudidas y empollones de los microbuseros. Cómo, en fin, la gente se arma de valor todos los días para cruzar el centro de la ciudad, aguardar el transporte...
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