De que hablamos cuando hablamos de deporte

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1 Nueva Sociedad Nro. 154 Marzo-Abril 1998, pp. 74-86.

¿De qué hablamos cuando hablamos de deporte?
Pablo Alabarces
Pablo Alabarces: profesor del Seminario de Cultura Popular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires; investigador del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Conicet.Autor de Entre gatos y violadores. El rock nacional en la cultura argentina (1993) y de Cuestión de pelotas. Fútbol, deporte, sociedad, cultura (1996, en colaboración). Nota: este trabajo se enmarca en una investigación financiada por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires - Ubacyt. Palabras clave: deporte, fútbol, cultura, ciencias sociales, Argentina.

Resumen: Eldeporte moderno nace en Inglaterra a mediados del siglo pasado; se exporta a América Latina –con las políticas expansivas de los capitales ingleses– en el último tercio de la centuria. Hay que esperar un siglo para que las ciencias sociales latinoamericanas produzcan discursos explicativos e interpretativos, reconocidos institucionalmente, con el aval de las comunidades científicas. Hoy, el deporteinvade todos los reductos de la cotidianeidad, transformándose en uno de los principales productores de identidades, constituyendo el mayor ritual secular de masas, produciendo la mayor facturación de la industria cultural. En ese panorama expansivo, de deportivización de nuestras sociedades, las ciencias sociales deben interrogar al fenómeno, tanto con vistas a producir saberes novedosos sobre unobjeto cambiante y multiforme, como para colaborar en la gestación de políticas públicas específicas. 1 El deporte ha sufrido en América Latina una desatención paradójica por parte de sus ciencias sociales. Hoy, quizás porque la expansión de la esfera deportiva ha desbordado todos los límites tradicionales, parecemos asistir al fin de esa ceguera. La paradoja consiste en que, contrariando todaslas tradiciones miméticas de nuestras culturas y de

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nuestras prácticas académicas, el deporte se había constituido en objeto de estudio de las instituciones de los países centrales hace por lo menos dos décadas. Sin embargo, los clásicos efectos de transferencia que dominan nuestra producción de saber –según las cuales aquello digno de ser estudiado en Europa merece inmediatamente suaclimatación– no surtieron, en este caso, el mismo efecto. Por el contrario: hasta fechas muy recientes el deporte permaneció obturado como posibilidad de discurso letrado, a excepción de la narrativa ficcional –con cierta parvedad–, del costumbrismo y del periodismo especializado. En este último caso, inversamente, el desborde productivo apunta hacia la saturación. Las razones para ese bloqueo inicial–aunque prolongado: cien años– son múltiples. El deporte latinoamericano integró durante todo este tiempo un lote cada vez más reducido de prácticas culturales cuya puesta en objeto parecía prohibida. Las ciencias sociales del continente, atentas por principio a las diferentes maneras en que se estructuran la sociabilidad y la subjetividad, las identidades y las memorias, no constituyeron hastatiempos muy recientes saberes especializados sobre estas prácticas. En el caso argentino –más cercano a nuestra propia producción, y que servirá continuamente de ejemplo– operó una causa primera: justamente, el peso del deporte –principalmente el fútbol– en la constitución de la identidad y la subjetividad. El deporte se sobreimprime a situaciones identitarias claves: la socialización infantil, ladefinición de género –la masculinidad–, la conversación cotidiana, la constitución de colectivos. Situaciones que involucran al propio observador, que recorren su cotidianeidad. Frente a esta mixtura, la lectura del intelectual tendió únicamente a dos salidas: la exasperación de la distancia, hasta superar los límites del silencio, o la asunción de la imposibilidad de esa distancia, hasta...
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