Derecho

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Derecho Penitenciario, una ley que no sale del papel
Carmen Aída Guerra Miguel
En las cárceles municipales –algunas de ellas ni siquiera lo son y todas están saturadas– se detuvo el tiempo de las mazmorras coloniales, como en el caso de la prisión de la Angostura, que se encuentra en la cabecera municipal del mismo nombre, en donde a los detenidos o presos nunca les da el sol; sólo lesfaltarían los grilletes que describen tantas obras literarias, como el Conde de Montecristo o Los Miserables


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Cárceles estatales que otrora se llamaron Institutos de Readaptación Social y hoy se les conoce oficialmente como Centros de Ejecución de las Consecuencias Jurídicas del Delito –al nombre le quitaron la palabra “readaptación”,concepto que en realidad nunca se cumplió– en donde los presos federales, la mayoría “chivos expiatorios”, están en espera de una alma piadosa que acuda a la ley para que se les otorguen los derechos que les corresponden.
Un ejemplo claro al que siempre se habrá que recurrir, porque está en la historia del penal de Aguaruto (Cedjude) de Culiacán, la cual ocurrió hace unas tres décadas cuandollevaron “confesos” a 154 hombres de la sierra tarahumara, quienes solamente hablaban su lengua, pero para nada leían el español aunque ahí en las actas levantadas estaban impresas sus huellas digitales y dos o tres firmas de algunos de ellos quienes sabían leer y escribir su lengua. En las actas constaban las “evidencias” tomadas mediante la tortura.
Había que justificar el fracaso de la campaña contrael narcotráfico, y allí estaban en el penal de Aguaruto estos individuos bajados de la sierra en helicóptero, después de rastrearlos en sus casas en las inmediaciones de un sembradío de marihuana y adormidera. Quizá esa haya sido su actividad, como muchas otras historias en los que contrata gente “para el corte de la manzana”.
Se hizo la denuncia periodística de este caso de presos “confesos”,de estos “chivos expiatorios” utilizados para justificar lo injustificable, porque en algún lugar de la tierra y quizá no muy lejos, tendrían que encontrarse los verdaderos envenenadores de las nuevas generaciones, pero a ellos nadie los ve, son bienvenidos en la sociedad con sus residencias, sus vaporizantes fortunas.
Ante la denuncia, la intervención pronta y expedita. Gobernación llegó y antesde cinco días los 154, entre ellos su intérprete, ya se encontraban arriba de un camión, de regreso a su lugar de origen ¡esposados! Y de nuevo el reclamo de los periodistas: ¿qué no les otorgaron la libertad? Fuera las esposas. ¡Hasta cuándo una verdadera justicia, una justicia a secas!
Pero nada ha cambiado. En las cárceles de Sinaloa hay exceso de reos federales cuyos respectivos procesosinclusive no han sido iniciados. Esa herencia no habla bien de las autoridades responsables de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) ni de las que en los estados tienen la obligación de promover la justicia.
La SSP sigue mandando gente a los estados supuestamente para hacer los estudios que ya han sido hechos por autoridades de Sinaloa. Vienen, sí, pero vuelven sin hacer nada, con los bolsillosllenos de dinero de las pobres personas que creen en ellos.
Cuando esto dependía de la Secretaría de Gobernación las cartas de los presos obtenían respuesta, hoy se quedan en el aire. A nadie le importa su suerte. Lo más grave de todo esto es que las autoridades civiles, federales, eclesiásticas, organismos sociales, los mantienen en el olvido.
Hacinamiento y no aplicación de las garantíasindividuales, aparte de otros problemas existenciales, de salud, de introducción y venta indiscriminada de todo tipo de enervantes.

¿Fallan las leyes?
El Derecho Penitenciario está muy abandonado en el país a pesar de que está codificado; apenas se han logrado hacer algunas leyes de ejecución en cada entidad federativa y eso ha sido un gran paso, ya que hasta 1970 en México había únicamente...
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