Dios

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  • Publicado : 10 de mayo de 2011
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—¡Tercio! ¡Escribe! Cuando hayamos terminado, copia todo. No vamos a arriesgarnos a tener un solo ejemplar de esto, no sea que los romanos lo destruyan. Y ora que yo no muera antes de que estas cosas queden anotadas.
¿Hay suficiente tinta? ¿Y varias plumas, y papiro? ¿Cómo he de empezar, Tercio?
—Esteee...
—¿Podré relatarles a los hombres lo que he visto? Es que ni la mente, ni las palabras,ni la pluma del hombre están dotadas de un don tan grande. Pero debo hacer el esfuerzo. Tengo que escribir a las congregaciones. He de apresurarme, para no correr el riesgo de olvidar nada. Ahora bien, Tercio, debes aclarar cuidadosamente que, si bien el pueblo del Señor en las congregaciones me ha pedido que les escriba, no soy yo quien les escribe. Es el Señor mismo. El es quien les escribe a lassiete iglesias. El ha ha-blado, a ellos y a mí, de muchas cosas. Tú y yo lo pondremos todo por escrito, pero son palabras del Señor las que anotamos aquí.
—¿A quién... qué fue lo que viste?
—¡Qué fue lo que vi! ¿Qué fue lo que yo realmente vi? ¡Vi a Jesucristo, el Ungido, revelado! ¡Vi la revelación de Jesucristo! Sí. Y así es como comenzaremos esta carta.
La revelación de Jesucristo, que Diosle dio para que lo manifestase a su siervo Juan.
Y de este modo comenzó Juan. Habló durante horas y horas, y durante horas y horas Tercio escribió fielmente. Hacia el atardecer el escrito quedó concluido. Afuera, los siete mensajeros no se habían movido de la entrada de la cueva.
—Tercio, hemos terminado.
28
—¡Pero, Juan, no! Dejaste algo sin poner. Cuando llegaste a los siete truenos, nodijiste lo que esos siete truenos dijeron. ¿Qué dijeron aquellos siete truenos? —indagó Tercio, frustrado.
Juan se rió.
—Tercio, tú eres el primero de aquellos, que probablemente serán muchos, que preguntarán: “¿Qué dijeron los siete truenos?” Sí, hubo siete truenos, pero mi Señor me dijo que no registrara lo que esos siete truenos dijeron. Se me permitió decir todo lo que yo había visto y oído.¿Pero qué dijeron esos siete truenos? Mi Señor me dijo que no debía anotar lo que había oído.
—Lo siento, mi hermano, pero los siete truenos residen en mí solo, y tal vez mueran conmigo solo.
—¿Descubriste si el Señor está por venir? ¿Es éste el fin? Y si lo es...
—¡Tercio! ¡Calla! Hasta que alguien además de mí sepa qué hay en los siete truenos, nadie sabrá nunca nada con certeza en cuanto altiempo del retorno del Señor. Lo que los siete truenos dijeron, yo no lo diré. Cualquiera que hable acerca de cuándo mi Señor va a volver, sin conocer los siete truenos, es un hombre dado a una gran insensatez.
—Yo he visto mucho, y tú has anotado cierta porción de todo ello. Todo, con excepción de lo que dijeron los siete truenos. Conténtate con esto, Tercio. Ahora tú sabes tanto como yo. Bueno,¡casi tanto!
—Y recuerda, mi amigo curioso, que ni siquiera el Hijo de Dios conoce el día ni la hora. Si algún creyente insensato cree que puede descifrar esta visión y descubrir lo que ni el Señor ni yo conocemos... será muy sensato de su parte recordar que una determinada porción de esta profecía falta —continuó diciendo Juan en un tono de tranquila satisfacción.
—¿Una determinada porción?—suspiró Tercio, incrédulo.
—Juan, ¿qué has aprendido en este día? —preguntó Tercio a continuación en un tono manso.
—En este momento tengo solamente lo que ya tenía: la es-peranza de su retorno. Pero ciertamente esto que se ha escrito, habrá de ser de gran consuelo para los perseguidos. Una cosa es segura, la fe no será destruida por Domiciano. Nuestro Señor, su pueblo... triunfarán. Tercio, puedesestar seguro de esto:
¡El volverá!
—Bueno, ahora llama a los siete mensajeros. ¿Hay alguno entre ellos que sepa leer? Si hay uno, le voy a pedir que lea el rollo en voz alta. Tú y yo escucharemos.
—¡Y contestarás sus preguntas! —dijo Tercio riendo.
—Una última cosa, Tercio. Debemos tener varias copias de este libro. Y tal vez sea necesario agregar unas palabras de advertencia al final, que...
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