Discurso academico sobre la pobreza

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  • Publicado : 6 de octubre de 2010
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Discurso académico. Prof. Lic. Fernando Montes Matte S.J.

Es un honor para mí hablarles cuando acaba con éxito su paso por la universidad. Para un Universitario Latinoamericano, Córdoba evoca los sueños de una universidad más libre, más comprometida y más académica.
Quisiera, en primer lugar, recordarles a los que parten que para un discípulo de Ignacio de Loyola despedirse no es sólo miraragradecido un trozo de la vida que se fue...es sobre todo mirar hacia el futuro, es tomar fuerzas para asumir la misión que Dios les quiere encomendar. Hoy no es hora de recuerdos, es hora de proyectos; es el momento para ensanchar el alma; es el momento para afinar tu oído; para escuchar a tu Dios y atender el clamor de tu pueblo que espera con razón mucho de ti que has tenido la oportunidad deestudiar. La vida se define por una misión...y Dios en esta tarde quiere confiarles una.
Nos ha tocado experimentar en nuestra carne lo que es el fin de una cultura. Los parámetros que ordenaban la existencia humana se han desdibujado, dejándonos a oscuras en medio de trascendentales encrucijadas con la angustia de vivir sin coordenadas. Los aviones, la computación que cambia la manera de pensar;las sondas interplanetarias que viajan solitarias por el cosmos dando y recibiendo información, contando a los otros planetas y a los astros, que existimos; el Internet que revoluciona las comunicaciones, nos obligan a redefinir las geografías humanas y terrestres. Se ha producido una globalización no sólo económica sino cultural. Nos hemos ido haciendo ciudadanos de un mundo sin fronteras,muchas veces a costa de nuestras propias raíces culturales, religiosas y políticas.
Se nos fue nuestro mundo y vamos penetrando en algo nuevo. Eso genera posibilidades y grandes desconciertos.
En toda la literatura contemporánea se encuentra el eco del malestar cultural del cual ya Freud hablaba en la década del veinte. El mismo progreso parece que nos lleva a olvidarnos del hombre. Neruda en suCanto General, contemplando las maravillas del Macchupicchu, viendo aquellas construcciones colgadas de las nubes descubre que ellas aplastaron al hombre...algo parecido podríamos decir hoy: “Piedra en la piedra, el hombre dónde estuvo?/Aire en el aire, el hombre dónde estuvo?...la pobre mano, el pie, la pobre vida...Yo te interrogo sal de los caminos. Déjame rascar la entraña hasta tocar al hombre.Devuélveme al esclavo que enterraste”.
Toda esta conmoción que agita al mundo rebota con energía en nuestra América. Hemos pasado de la edad de piedra al Internet, transportados por una avalancha. Nos tragamos los cambios sin saber digerirlos y sólo una parte de nuestras élites reciben y saborean las ventajas. Sin embargo, si se fue nuestro mundo, ya se gesta uno nuevo provocativo y admirable.Somos parte de una época desafiante y no podemos renunciar a imprimir en ella las huellas dactilares de nuestra tradición.
Qué responsabilidad tienen nuestras universidades en América latina, en particular las católicas y jesuitas! En ustedes, los profesionales que formamos está nuestra esperanza de sociedades más justas y más humanas. ¿Por qué hay tanta violencia, tanta pobreza e injusticia? ¿Por qué nuestros profesionales no nos han hecho alcanzar el desarrollo humano? Tal vez no supimos enseñarles que las universidades son escuela de responsabilidad y no de autorrealización, no son para ascender sino para aprender a servir. ¿Por qué hay tanta corrupción? Nos duele que en un continente formado en la fe de Jesucristo haya acunado en su seno tal falta de moral. ¡Tenemos una deudapendiente con el pueblo sufriente de América Latina, que en parte a ustedes que salen de estas aulas les tocará saldar! Esto supone recrear la esperanza, repensar la sociedad desde el otro lado de la historia...desde el dolor, la pobreza y la injusticia. Una universidad Jesuita que hace de la promoción de la justicia un elemento esencial de su misión, debe ser capaz de recoger y releer las lágrimas...
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