Economia

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  • Publicado : 11 de marzo de 2010
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Capítulo 1
— ¡Damon!
Un viento helado azotó los cabellos de Elena contra su rostro, tirando de su fino suéter. Hojas de roble se arremolinaban entre las hileras de lápidas de granito, y los árboles hacían entrechocar las ramas frenéticamente. Elena tenía las manos heladas, los labios y las mejillas entumecidos, pero se mantuvo directamente de cara al aullante viento, gritándole:— ¡Damon!
Aquel tiempo era una exhibición de su Poder, destinada a ahuyentarla. No funcionaría. La idea de ese mismo Poder vuelto contra Stefan despertaba en su interior una furia abrasadora que ardía en oposición al viento. Si Damon le había hecho algo a Stefan, si Damon le había hecho daño...
— ¡Maldito seas, respóndeme! —chilló a los robles que bordeaban el cementerio.
Una hojaseca de roble que parecía una marchita mano morena avanzó a saltitos hasta su pie, pero no hubo respuesta. En lo alto, el cielo era gris como cristal, gris como las lápidas que la rodeaban. Elena sintió que la ira y la frustración le escocían en la garganta y hundió los hombros. Se había equivocado. Damon no estaba allí, después de todo; estaba sola con el viento queaullaba.
Giró... y lanzó una exclamación ahogada.
Estaba justo detrás de ella, tan cerca que sus ropas le rozaron cuando se dio la vuelta. A aquella distancia, debería haber percibido la presencia de otro ser humano allí parado, debería haber notado el calor de su cuerpo o haberle oído. Pero Damon, por supuesto, no era humano.
Se echó hacia atrás un par de pasos antes depoder controlarse. Todos los instintos que habían permanecido en silencio mientras gritaba a la violencia del viento le suplicaban ahora que huyera.

Cerró los puños.
— ¿Dónde está Estefan?
Una línea apareció entre las oscuras cejas de Damon.
— ¿Stefan qué?
Elena se adelantó y le abofeteó.
No había pensado hacerlo antes de hacerlo, y luego apenas pudo creer que lo habíahecho. Pero fue un bofetón potente y seco, dado con toda la fuerza de su cuerpo tras él, y torció el rostro de Damon hacia un lado. La mano le ardía. Se quedó allí quieta, intentando calmar la respiración, y le observó con atención.
Iba vestido como le había visto la primera vez, de negro. Botas blandas negras, vaqueros negros, suéter negro y cazadora de cuero. Y se parecía aStefan. No comprendía cómo no se había fijado en ello antes. Tenía los mismos cabellos oscuros, la misma tez pálida, el mismo inquietante atractivo. Pero sus cabellos eran lisos, no ondulados, los ojos eran negros como la medianoche y la boca era cruel.
Volvió la cabeza lentamente para mirarla, y Elena vio enrojecer la mejilla que había abofeteado.
—No me mientas —dijo con vozagitada—. Sé quién eres. Sé lo que eres. Mataste al señor Tanner anoche. Y ahora Stefan ha desaparecido.
— ¿De verdad? — ¡Sabes que sí! Damon sonrió y a continuación apagó la sonrisa instantáneamente. —Te lo advierto: si le has hecho daño... —Entonces, ¿qué? —repuso él
—. ¿Qué harás, Elena? ¿Qué puedes hacer contra mí? Elena se quedó callada. Por primera vez, reparó en que el vientose había apagado. El día se había vuelto sepulcralmente silencioso al-rededor de ambos, como si estuvieran inmóviles en el centro de algún gran círculo de poder.
Parecía como si todo, el cielo plomizo, los robles y las hayas moradas, el mismo suelo, estuviera conectado a él, como si absorbiera Poder de todo ello. Permanecía parado con la cabeza ligeramente echada hacia atrás y los ojosinsondables y llenos de extrañas luces.
—No lo sé —musitó la muchacha—, pero encontraré algo. Créeme.

Él rió de improviso, y el corazón de Elena dio un vuelco y empezó a palpitar con fuerza. Dios, era hermoso. Apuesto era una palabra demasiado pobre y gris. Como de costumbre, la carcajada sólo duró un instante, pero incluso cuando sus labios se serenaron dejó un vestigio en sus ojos....
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