El cholito en los andes magicos

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  • Publicado : 9 de septiembre de 2012
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I
ENCUENTRO CON EL ICHIC OLLCO
Encontré al ichic ollco, ese enanito que dicen que es hijo del supay, el diablo, leyendo sentadito sobre la rueda del molino de don Andrés un librito llamado Blanca Nieves y los Siete enanitos, con bonitos dibujos en la pasta que llamaron mi atención.
Tan distraído estaría, digo yo, que ni la sombra de mi cuerpo asomándose por la puerta, le hicieron reparar.Bonito nomás, para no espantarlo, queriendo saber si había más dibujos adentro, me acerqué.
Y como ni levantó la cabeza siquiera, con cuidado nomás a su ladito logré sentarme.
—Y... amigo —le dije—, ¿qué te cuentas?
Ahorita desaparece botando azufre como su padre o dejando su excremento humeante, como dicen que deja, pensé.
Pero nada.
Como si estuviera ausente del mundo, siguió leyendo, sintomarme en cuenta.
Yo asomé los ojos al libro todo curioso.
Para mi sorpresa, no había dibujos; sólo unas letras pequeñitas, raras, en qué idioma nomás será pues...
—¿Tú eres el ichic ollco o duende que dicen? —le hablé al rato, aburrido ya, después de haberme estado gustando de su pelito colorado, como la candela, y de sus orejas grandes, medio puntiagudas.
Y, como en el comienzo, siguió leyendo,sin hacerme caso; a veces sonriendo, otras veces medio serio o asombrado.
—¿Tanto te gusta leer, oy? —me acuerdo que le dije, malhumorado, levantándome, pensando que no me contestaría.
—Sí, pues, me gusta leyer, y qué... —habló por fin, medio ofendido.
El molino estaba parado, a pesar que el chorro de agua que lo hacía girar seguía bajando por el cascarón de eucalipto sin que lo hubierandesviado.
"Leyer", sí, había dicho leyer, y eso me acuerdo que en la escuela la señorita Amelia, mi profesora, nos había dicho que estaba mal hablado.
Creyendo hacerle un bien, le dije entonces:
—No se dice leyer, oy, sino leer.
Me miró nomás medio de costado, con mala cara. Chaposas eran sus mejillas, rosaditas. "De lo que se quema en el infierno seguro", pensé.
Como el agua se estabadesparramando debido a que el ichic lo tenía bien pisado el eje, según me di cuenta recién, me fui a desviarlo.
¡A pucha! duro estaba ese fierro que hacía desviar el agua. Tanto batallé hasta que por fin...
De don Andrés, el dueño, no había ni noticias.
Cuando volví de nuevo donde el ichic, éste ni cuenta se daba que ya no entraba agua al molino. Bien puesto su pie sobre el eje, seguía lee y lee.
— Apucha, oy — le dije, yo que soy un aburrido para leer —, ¿qué pues no te cansas hasta ahora?
Sin alzar la vista me respondió:
—¡Tu qué sabes lo que estoy leendo...!
Reí no nomás en mis adentros, acordándome nuevamente de las advertencias de la señorita Amelia.
—Oy, ichic — le dije—, no te enseñan en el infier..., digo en la escuela, que no se dice leendo sino leyendo?
—¡Total! — abrió los brazossoltando el libro; recién me fijé en sus ojos: eran azulitos—, primero me dices que no se dice leyer sino leer y cuando digo leendo me sales que se dice leyendo... Tú me estás fregando.
Así diciendo se metió bajo la rueda del molino y desapareció.
Ese mismo ratito llamaron de afuera y yo salí a ver.
Era doña Agustina, su mamá de Antenor, qué buscaba a don Andrés.
Diciéndole que no estaba, memetí, de nuevo.
Bajo la rueda del molino, todavía humeando, ahora que no había agua, encontré su excremento del ichic y al lado un papelito escrito con muki-muki, esa tierra de color que por ahí cerca abundaba, donde se leía; “Te necesito urgente. Búscame al otro lado de la pirca donde acaba su maizal de don Andrés”.
A lo mejor me quiere enseñar algún tesoro, diciendo, me encaminé ese ratito,rápido rápido no más.
II
AL OTRO LADO DE LA PIRCA
Y a junto a la pirca, que era más o menos altita, noté que crecían en su encima, aparte de musgo, carhuacashas, esas feas espinas coloradas que cuando se plantan en el cuerpo de uno así nomás no salen.
Con cuidado nomás trepé.
Un vientecito helado, que hizo flamear mi poncho y casi lo hace volar mi sombrero, silbando subía de la quebrada....
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