El error de la luna

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HÉCTOR AGUILAR CAMÍN

EL ERROR DE LA LUNA

Para Catalina

Es el error de la luna
se acerca a la tierra más de lo deseado
y vuelve a los hombres locos

Shakespeare: Otelo

I

Se lo habían dicho mil veces, como al pasar, como quien habla de la suerte escrita en las estrellas, pero no acabó de entender que era posible sino cuando aceptó que el retrato de Mariana se le había vuelto unaobsesión y que latía bajo esa influencia como su propio cuerpo adolescente, desde que empezó a sangrar, bajo el imperio regular y misterioso de la luna.

-Deja a tu tía muerta en paz -le había dicho quinientas veces su abuela plateada, hermosa como la más entre las cuatro hermosas mujeres que había parido. -No son cosas para tus años, porque ni siquiera lo son para los míos.

Las otrasquinientas veces las había escuchado en el silencio de su abuelo, que no sabía sino poner los ojos color olivo en el hueco que su hija Mariana le había cavado en la memoria. Mariana la querida, la borrada, la escondida. La habían borrado juntos, él y su mujer, como quien borra un signo que no entiende. Y sin embargo, habían puesto su retrato en el centro del comedor que nadie usaba, donde nadie vivía niaspiraba a vivir, salvo Mariana misma, rehusando altivamente los empeños familiares en su olvido.

El óleo del comedor recordaba a Mariana Gonzalbo en el inicio de su impune juventud. La libertad altiva de sus años se extendía como un halo sardónico por su frente y por el arco inquisitivo de las cejas, resplandecía en la burla de los ojos y en el puente seguro de la nariz,dispuesto, como los pómulos de gato y el mentón redondo, a no negociar siquiera una sonrisa con la fealdad convencional del mundo.

En el aura de enigma y desafío que impregnaba el retrato había quedado envuelta Leonor, la más pequeña rama de los Gonzalbo, desde que su abuela la llevó frente a la efigie y le dijo, un día que cumplió años:

-Tú eres ya una mujer, aunque sigas siendo una niña. Yempezarás a arreglarte y a peinarte como una mujer, es decir, todos los días, varias veces al día. Arreglarse es el destino estúpido y delicioso de las mujeres. Mejora la juventud y disfraza la vejez, aunque te quita la tercera parte del tiempo útil de tu vida. ¿Entiendes eso? Quizá no lo entiendas. Pero da igual. Lo que quiero es pedirte una cosa.

-La que tú me digas, abuela -aceptó Leonor.

-Note peines nunca como ella -dijo su abuela, señalando a Mariana en el retrato.. -Y voy a explicarte por qué.

Le soltó entonces la trenza a su nieta y con un cepillo barrió su cabellera hacia atrás y hacia los lados; la dobló por la cintura y la peinó de la nuca hacia abajo y de la frente a la nuca, hasta que obtuvo de la mata de pelo una onda leonada y magnánima, similar a la que Marianallevaba derramada sobre los hombros en el óleo. Paró entonces a Leonor frente al retrato y puso entre sus manos un espejo de bordes de nácar y mango de porcelana, para que se mirara.

-Por esto -le dijo.

Bajo el pelo electrizado por el cepillo de su abuela, Leonor vio en el espejo un rostro nuevo, a la vez suyo y de otra. Tras sus borrosas facciones adolescentes, tan burdas y aborrecidas para ella,vio aparecer las facciones limpias, inteligentes y afiladas de Mariana; tras sus ojos sin malicia ni memoria de amores perdidos, vio asomar los ojos ávidos, dueños de sus propios secretos, que iluminaban el rostro de Mariana; y tras la redondez pazguata, todavía infantil de sus mejillas, creyó ver por un momento el trazo limpio, a la vez juguetón e implacable de los huesos esbeltos de Mariana.-Porque eres igual a ella -le dijo su abuela. -Y no soportaré verte caminando por la casa como si fueras ella.

No entendió de momento, porque no escuchó. Todos sus sentidos se fundieron en el presentimiento de que Mariana había caminado hacia ella desde el reino del pasado y vivía dentro de ella, en la red gemela de sus glándulas y sus rasgos, esperando el momento propicio para hacerse...
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