El espacio púbico, arte urbano y crisis litúrgica

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EL ESPACIO PÚBLICO, ARTE URBANO Y CRISIS LITÚRGICA
Javier Barraycoa

Santo Tomás, comentando el Salmo 25, afirma que Dios a nadie negó el sentido de la belleza, así como a nadie negó el sentido del bien. Belleza y bien, se hallan ontológicamente unidos y la muerte de una parece anunciar la muerte del otro. De ahí que la reflexión sobre el arte se torne especialmente importante en nuestraépoca. Es innegable que la modernidad ha venido acompañada de un “nuevo arte” que parece imponerse sobre la sociedad al dominar tanto los espacios públicos de nuestras urbes, como los espacios mediáticos. Actualmente, la cultura democrática se ha sumergido en un debate sobre el sentido del espacio público, sus finalidades y su dimensión pedagógica en vistas a fomentar los “valores democráticos”. Enestas polémicas, el arte y el espacio urbano –a veces denominado paisaje urbano- cobran un papel primordial.

Por su parte, Zymunt Bauman identifica el espacio público con el viejo “Ágora” griego entendido como la posibilidad de un lugar donde tener la experiencia del bien común. Experiencia que, según Bauman, es imposible en las actuales sociedades democráticas pues el espacio público ha muerto,siendo sustituido por pseudos-espacios públicos y falsas formas de sociabilidad. Profundizar en el sentido de la crisis del espacio público, por tanto en la experiencia del bien común, y a su vez de la belleza, sólo puede realizarse adentrándonos en la antropología. La configuración del “espacio social” está determinada en las culturas por la distinción previa entre un espacio sagrado y un espacioprofano. La interrelación entre ambas formas de concebir el espacio, nos permitirá explicar las actuales evoluciones del espacio público y su relación con el arte.

El espacio sagrado y el espacio profano

Todas las culturas han distinguido siempre entre un espacio sagrado y un espacio profano. Mircea Eliade, a lo largo de sus obras, profundizó en la lógica y función de esta distinción. Así,afirmaba, “en todas partes encontramos la misma concepción fundamental de la necesidad de vivir en un mundo inteligible y pleno de significado, y descubrimos que esta concepción surge de la experiencia de un lugar sagrado”[1]. Para el hombre, propone Eliade, el espacio no es homogéneo sino que algunas partes del espacio –el espacio sagrado- es fuerte y pleno de sentido, mientras que el espacioprofano es amorfo, carente de estructura y significado. La distinción entre ambos espacios, permite la distinción entre orden y caos y, por tanto, la posibilidad de dotar de sentido a la realidad. De ahí que, en todas las culturas, las construcciones o los lugares sagrados representen el orden cosmológico y divino que se propaga al resto de la realidad y se empeñen en determinar esos lugares sagrados.En numerosas culturas esta necesidad de ordenación de la realidad se extiende a la forma de construir las casas o, sobre todo, a la configuración de las ciudades. Diferentes formas arquitectónicas como las columnas, o los cruces de las dos calles principales en las urbes romanas representan la conexión del cielo y la tierra o el axis mundi que dota a la realidad de orden y sentido.

Los romanos,al fundar una ciudad lo hacían como una ritualización arquetípica de la fundación de Roma. Un sacerdote, emulando a Rómulo y Remo, araba el perímetro de la ciudad y establecía las cuatro puertas en las que confluían los dos ejes principales. La fundación de una ciudad suponía, por tanto, siempre una liturgia. A partir de ahí se distinguía entre el orden y la ley que otorgaba esta ”nueva Roma” yel caos que quedaba fuera de la muralla. En todas las culturas encontramos este mismo sentir y necesidad. Las aldeas tribales se configuran muchas veces con un orden parecido, precedidos de ritualizaciones, y establecen que fuera del poblado está el mundo de los demonios, del caos y de la muerte. La Cristiandad medieval también participó de este sentir universal. Existía un rito medieval de...
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