El general en su laberinto

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Darío Fajardo M. Antropólogo. Profesor
de la Universidad Nacional de Colombia.

Gabriel García Márquez
El General en su Laberinto

Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1989

La prosa no es tan vibrante como en otras
obras suyas, pero lleva la cadencia y
musicalidad de siempre, con destellos
descriptivos que aumentan el interés por
la lectura. La sobriedad del texto es
comprensible puestoque se trata de la
primera novela histórica, o historia
novelada, de Gabriel García Márquez: El
general en su laberinto (Bogotá:
Editorial Oveja Negra, 1989). Es un
terreno difícil y ambiguo, en el que se
combinan varias disciplinas como la
literatura, la historia, la sociología y la
geografía. Cuando rompen las fronteras
de estas ciencias y artes, sus cultores
ayudan a crear un nuevogénero
comunicativo todavía indeterminado,
pero que y (tiene algunos profetas
latinoamericanos importantes (Galeano,
Carpentier) y europeos (Eco, Conrad),
casi todos ellos desligados de la tradición
y, para ser fieles a su papel, crítico:
furibundos de la sociedad que heredamos.

Además de frenar la prosa exuberante (y
barroca (no se pierde mucho), este
novedosa construcción intelectualdesconoce también el encuadra miento
académico con sus formales reglas de
pensamiento heredadas de los sabios que
los reyes de la Ilustración honraron en
vida. Este legado del Siglo de las Luces,
prolongado al presente, es el que ha
producido la historia oficial, el que ha
permitido el monopolio del derecho a
juzgar sobre lo aceptable o inaceptable en
el habla, costumbres y creencias, elque
ha fomentado los mitos y guerras
nacionales e internacionales. Tal
estructura del tutelaje y del sectarismo, de
la minoridad impositiva, de la
dependencia en "los que saben", se
quiebra con obras que, como la última de
García Márquez, presentan realidades
olvidadas o complementarias que desme -
nuzan los relatos consagrados, heredan
los pedestales y humanizan las leyendas.

Si lehacemos caso al autor, tendríamos
que trocar el perfil romano de las
estampas conocidas del Libertador, por
otro con la nariz chata de "El Zambo"
Simón Bolívar con la que los compañeros
de escuela justamente molestaron a éste.

De allí que no sorprendan las críticas
recelosas que han sido publicadas por la
gran prensa sobre El general en su
laberinto, ecos de aquellos peligrosos ydogmáticos intereses. Pero aciertan
cuando lo ven como un libro comprometido,
con un fondo político que proyecta
al presente problemas del pasado,
como la violencia bipartidista, la deuda
externa, el imperialismo norteamericano,
los regionalismos (costeño versus
cachaco), el peso irracional de las
fronteras de los estados, el helado
estiramiento de Bogotá, el formalismo
conservador (que noliberal) del general
Santander. ¿Quién osa dudar de estos
juzgamientos? Los académicos, ahora
quejumbrosos, reconocen sus propios
prejuicios al ha ber dejado en la penumbra
el último viaje de Bolívar, un flanco
desprotegido de la venturosa pátina
historial: Razones políticas tendrían para
sepultarlo en la inopia. Por fortuna, ese
fue el recoveco que descubrió García
Márquez para ingresar consu creatividad
y con su inesperado manejo de la
historiografía. Así logró demoler el mito
del Padre de la Patria y presentarnos al
Libertador derrotado por los mismos
colombianos y desilusionado por la
incomprensión y la traición, como debió
haberlo sido de ver dad en esos trágicos
meses de su vida.

Sin embargo, se equivocan aquellos
críticos cuando insisten en que este libro
es unanovela como cualquier otra. De
paso digamos que no ayudó el autor en
esto cuando, inopinadamente, le añadió
esa designación como subtítulo. Debería
quitárselo en futuras ediciones, como lo
han hecho casi todos los otros grandes
escritores mencionados atrás. Porque se
trata en realidad de una recuperación
histórico-social presentada en términos libres
de comunicación literaria. Incluye...
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