El jefe

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EL JEFE

Cuando llega a la oficina, todos lo observan atentamente. Las mujeres, porque es apuesto y frisa la edad de las sienes grises, en la cual, se dice, todo hombre es proclive a engañar a su mujer; los varones, porque en secreto envidian sus corbatas, siempre adecuadas al traje y en armonía con el tiempo reinante. De manera, pues, que su entrada origina expectación general en elDepartamento; y ésta alcanza el clímax cuando da los buenos días con voz bien modulada, límpida, como cepillada junto con los dientes.

-Las palabras parecen hechas para su boca -dice una, en el colmo del arrobo-. Daría cualquier cosa por tener un hombre así.

Después de recibir la admiración unánime, el jefe ocupa algunos minutos en enterarse de lo ocurrido antes de las 10:30, su hora habitual dellegada. Seguidamente dicta una nota y habla por teléfono con varias personas (otros jefes, amigos -acostumbra llamar a su esposa para preguntarle si durmió bien-, quizás el ministro o, en casos especiales, el propio presidente). A continuación va a la cafetería y pide un vaso de jugo deshidratado.

Al regreso, conversa con la secretaria del ministro y, algunas veces, con la del viceministro. De pasosaluda al director de Relaciones Públicas. Porque es conveniente, claro, que sean conocidos los adelantos introducidos por él en provecho de la administración pública y en beneficio del país.

De vuelta en su despacho, firma la nota dictada antes y ordena su envío. Luego enciende uno de sus cigarrillos importados (extralargos, con boquilla de lujo) y su figura adquiere relieves grandiosos. Sino conociéramos sus virtudes, su sensibilidad, su gracia, su don de gentes; si no hubiéramos percibido cada mañana el aroma de su colonia exclusiva, diríamos que no es humano, sino divino. Hay que ver el corte impecable de sus trajes, la calidad de sus zapatos.

Pero lo más extraordinario, lo que le granjea la simpatía y el agradecimiento de todos, es que, a pesar de su ilustre origen familiar,que bien le permitiría envanecerse, no es soberbio ni petulante.

Por el contrario, podemos acercarnos a tratarle cualquier asunto con la absoluta seguridad de ser atendidos.

Es cierto que, a veces, mientras le exponemos problemas sobre las contribuciones regresivas o sobre el desbalance habido en determinado renglón de los ingresos fiscales, se distrae contemplando su encendedor Dunhill yadopta un aire soñador que lo asemeja a Mastroianni; pero eso carece de importancia: frente a sus múltiples virtudes, ¿qué puede significar este pequeño defecto?

Como somos conscientes de su valía y de la importancia de su equilibrio emocional, casi siempre evitamos mortificarlo con asuntos enojosos. A toda costa, tratamos de evitarle disgustos. Por eso la marcha del Departamento recae ennosotros, principalmente en la exigua figura del subdirector, un hombrecito de extracción humilde, discreto y apocado, pero muy competente.

Lo cierto es que, para decirlo de una vez, asumimos gustosamente todo el trabajo para que él pueda atender a sus amigos o efectuar cualquier diligencia. Porque es un hombre con muchísimas obligaciones, perennemente asediado por agasajos, juntas, seminarios,etcétera. Además, comprendemos que para una persona de su jerarquía debe resultar en extremo desagradable y engorroso ocuparse de minucias.

Por otro lado (y esto es algo que nos llena de orgullo), confidencialmente hemos sabido que fue nombrado aquí para que el país se honre teniendo a un hombre de su abolengo en esta posición. Y hay quien dice que su designación obedece al propósito de familiarizarlocon los asuntos fiscales, porque está destinado a cargos muy altos.

Ahora, el momento cumbre, realmente sublime, del jefe se produce cuando acudimos a su despacho, aislado por grandes vidrios y cortinas, a contarle algún chiste.

Entonces, rodeado por todos, parece un general en medio de sus tropas, o tal vez un líder idolatrado por su pueblo.

Hay que ver cómo ríe. Su regocijo es tan...
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