El loco estero

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  • Publicado : 24 de noviembre de 2011
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un animado paso doble, tocado por la banda del batallón Carampangue, que marchaba a la
cabeza del ejército. Un formidable grito de ¡Viva Chile! se elevó instantáneamente por los
aires. Las manos aplaudían con frenético entusiasmo.
Una turba de muchachos y de hombres jóvenes había entrado en la Alameda, precediendo a
la primera banda de músicos. Al frente de esa turba, los del tablado de donGuillén y los
Estero reconocieron al ñato Díaz batiendo una bandera nacional, alborozado, en medio del
cardumen de chicuelos que lo rodeaba. El ñato, con aire victorioso, inclinó su bandera
delante de Deidamia y delante del tablado de don Guillén, enviándoles una sonrisa de
juvenil alegría. La chica y los niños aplaudieron, lanzándole manojos de flores entre la
lluvia
de millares de ellas quecaían sobre la banda de músicos y sobre la tropa.
A mitad de la gran columna en marcha avanzaba sobre un brioso caballo de guerra el
general en jefe del ejército restaurador, don Manuel Bulnes. Lo acompañaba, a su derecha,
el presidente de la República. El más brillante Estado Mayor que jamás se hubiera visto en
ninguna de las fiestas patrias le formaba escolta. Al verlo pasar, un trueno devoces
resonaba en los aires, se sobreponía al toque de las bandas de músicos y subía al cielo en un
clamoreo de ovación delirante.
En el momento de detenerse bajo el arco el joven general con el Presidente de la República
y el numeroso séquito de su escolta, la orquesta prorrumpió con el solemne y acompasado
coro de la canción nacional. Todos los circunstantes y el pueblo alrededor entonaronconmovidos:
Ciudadanos, el amor sagrado
De la patria os convoca a la lid.
Las tropas habían seguido desfilando con toda regularidad, pero con paso más redoblado
que el de los primeros batallones.
Aunque con menos ardor, el público seguía aplaudiendo. Muchos, cansados ya de vociferar,
se entretenían comunicando a los vecinos el nombre de los batallones que pasaban. El
Pudeto, el Maipú, elSantiago. La familia Estero sabía que Emilio Cardonel llegaba de la
campaña con el grado de capitán.
VII
Doña Manuela, rejuvenecida con los afeites y las galas de su traje, llamaba la atención de
los paseantes por la natural majestad de su porte y la altivez serena de su frente. Al decir de
las señoras que pasaban cerca de ella, la Mañunga Estero estaba en su día.
El ñato, mientras tanto,había continuado en paciente observación detrás del álamo donde
asistía con Chanfaina al desfile de las últimas tropas. Viendo bajar de su tablado a la
familia Estero, cogió con fuerza uno de los brazos del roto, que se mantenía inmóvil a su
lado.
-¿Ves?, ahí se bajan todos, no los pierdas de vista. Ahora se ponen a andar para abajo y los
ves bien. ¿Cuál es la señora que te he dicho? A ver,señálamela.
-Aquella grande, pues, patrón, la que va con mantilla blanca.
-Bueno, pues, ya es tiempo; yo voy a estar cerquita de ti; cuidado con irte a equivocar,
porque te mato. Anda, anda, sin llamar la atención; yo te sigo.
Tras estas recomendaciones salía con Chanfaina del escondite y lo empujaba suavemente
en dirección de la familia Estero.
Chanfaina, con la inclinación de la cabeza del toroque hace una embestida, se lanzó en la
apretura. Gracias a la inclinación de su monstruoso rostro hacia el suelo, pud9 deslizarse
entre la gente que lo tomaba por un roto cualquiera. Así llegó a encontrarse, en dos o tres
minutos, frente a las Estero. El ñato se había puesto a andar al lado de los Topín. Don
Miguel iba todavía deplorando la triste ausencia de don Diego Portales de aquellafiesta,
que consagraba la gloria de] grande hombre de Estado.
En ese instante se vio al feroz Chanfaina enderezarse. Levantando el pecho como un atleta
pronto a medir sus fuerzas con un adversario, lanzóse, con los brazos abiertos, sobre la
hermosa doña Manuela, cubriéndole el rostro de apasionados y ruidosos besos, antes que
nadie hubiese tenido tiempo, ni suficiente presencia de espíritu,...
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