El narco como patr[on

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  • Publicado : 31 de mayo de 2011
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Sueldo competitivo, carro del año, gastos médicos, apoyo para la familia… En un país en crisis como México, el narco ha llegado a ser una opción real de empleo para los jóvenes, aunque al igual que otros sectores, está en crisis.
Los golpes propinados por las corporaciones policiacas y por las bandas rivales, han herido a este empleador: ya se paga por jale realizado y no por semana, y enalgunos casos, el pago es en especie, para que el trabajador sea el encargado de colocar la mercancía, con los riesgos que conlleva.
Por su habilidad para manejar, Julián Morales –nos pide cambiar su nombre por razones de seguridad, e identificarlo de esa manera-, fue chofer del Teo y de otros capos de mediana talla que fueron ascendiendo en la pirámide del mando y a los cuales llegó gracias a lasamistades y parentescos sembrados en una colonia cercana a la Unidad Deportiva.
Contactado en un centro de rehabilitación donde podría permanecer por seis meses o hasta un año si su organismo no responde al proceso de desintoxicación por el prolongado consumo de cristal, Julián accede a relatar sus hazañas, pues logró salir vivo y casi sin pisar la cárcel tras cuatro años de trabajar para lascélulas. Esta es su historia.
El esposo de su prima, un policía municipal de La Mesa, lo puso a traer carros de San Diego para vender. El policía montó un yonque frecuentemente inspeccionado por ministeriales y federales ante la sospecha de que vendían partes de autos robados. Acabaron por quemar refacciones y piezas de carrocería. Fue él quien le presentó a Filiberto Parra Ramos –hermano de sucompadre-, y a Teodoro García Simental, el Teo.
Un día el Teo le soltó su camioneta a Julián para probar si de veras era tan fregón como decían. En menos de tres minutos llegaron de La Mesa a Otay. Aunque lo disimuló, García Simental iba bien agarrado del asiento.
“Nombre, le pisé la chancla y olvídate, llegamos en friega y eso que había tráfico; les dije que se pusieran el cinturón y me dijeron que paraque querían el cinturón, y les dije ustedes pónganselo por si tengo que frenar, iba pegaditito a los carros y a veces los rebasaba por un pelito”, cuenta.
Desde entonces, se encargó de llevar y de traer. Amigos, familiares, paquetes, droga, armas y en alguna ocasión, un muerto debidamente sentado y con una gorra y chamarra gruesa con bolsas de plástico por debajo para contener la sangre.
Salíade su casa a las siete u ocho de la noche y volvía hasta las cinco de la mañana del día siguiente. A veces se desaparecía hasta por un par de días, pero siempre volvía. Hasta que una vez lo detuvieron agentes de la Policía Estatal Preventiva, con unos ladrillos de “mota”. Pasó toda la tarde y buena parte de la noche hasta que lo dejaron salir. Había dicho para quien trabajaba y había entregado sucelular para que llamaron al dueño de la mercancía.
No había reloj que checar ni horario que cumplir. Eso sí, absoluta disponibilidad y sobre todo, lealtad a prueba de fuego. Aquí la rotación de personal era castigada. “Los quemados que salieron en las noticias, fueron los que quisieron brincar de un grupo a otro, los que quisieron trabajar con el Teo y luego con el ingeniero, o al revés”. Lohicieron para darle miedo a los que quisieran seguir sus pasos”.
A su casa llegaban a buscarlo tipos mal encarados en camionetas del año, o en carros que ni siquiera llamaban la atención. No le tocó estar en medio de laguna balacera, pero sí le llegaron a llamar para recoger a algún herido o a alguien que se escondía, y llevarlo a alguna casa de seguridad.
De esta forma, Julián dejó de ser un ninimás, un don nadie, un muchachito que caminaba por las calles –en dos años se acabó tres carros que había comprado-, para labrarse un nombre en el mundo del narco.
Ahora ya hasta en un corrido lo mencionaban como el chofer más rápido de la colonia, y a su celular entraban llamadas de morritas del Cobach y del Conalep, muchas de las cuales ni conocía pero que querían conocerlo a él.
Quiso...
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