El valor de 20 vacas

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 8 (1999 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 23 de noviembre de 2011
Leer documento completo
Vista previa del texto
Hubo una época en que los barcos que recorrían el Mediterráneo ida y vuelta desde Cádiz hasta Estambul, se detenían en los puertos de las islas. Allí, mientras los cargueros descargaban sus mercaderías y se aprovisionaban de todo lo necesario para seguir su viaje, los marineros repetían el mismo ritual. Recibían su paga y corrían a la taberna para gastarse hasta el último centavo en vino ymujeres. Y cuando el dinero se acababa, dos o tres días después, los marineros volvían al barco, saturados de alcohol y borrachos de sexo o al revés, para dormir hasta que el carguero volviera a hacerse a la mar.

El pescador me contó que un día dos marineros cruzaban el viejo puente de madera construido sobre el río, camino a la taberna. Su barco había entrado en el puerto muy temprano esa mañana yla mayoría de sus compañeros se habían adelantado, colgándose, literalmente, de los camiones de transporte para ser llevados al pueblo.
De pronto, el más joven de los dos amigos se quedó mirando por encima de la barandilla, hacia la costa de río.
- ¿Qué haces? Vamos...- Ven aquí -dijo él otro,.
- Mira...¿No te parece hermosa?. El otro miró hacia abajo y vio a una campesina que lavaba la ropa aorillas del río. Pensó que no se refería a ella, jamás usaría la palabra hermosa para describirla, sobre todo porque, dada su edad, su costumbre y su intención, cualquier mujer que aparentara tener más de veinticinco años era una vieja.
-¿De quien hablas?
-De esa mujer..La que lava la ropa. ¡No la ves?
-Si la veo. Pero no entiendo qué le ves de hermosa. Mira, en la taberna nos esperan decenas demujeres mucho más jóvenes, mucho más guapas y, con toda seguridad, con mucho más deseo de complacernos que ella. Vamos date prisa.
-No-dijo el más joven-, tengo que hablar con ella...Sigue tú, te veré en la taberna. Dicho eso, empezó a caminar hacia abajo, por el sendero que llevaba al río.
-No tardes demasiado... -le gritó el otro saludándolo desde lejos, y siguió su camino hacia el pueblo,sonriendo, mientras movía su cabeza de un lado a otro negando con el gesto lo que había pasado.

El marinero se acercó hasta la orilla y, en silencio, se sentó en el césped, a unos pocos metros por detrás de la joven, sin atreverse apenas a hablarle. La muchacha siguió durante más de media hora con su trabajo y luego se puso de pie, seguramente para volver a su casa cargando la cesta de la ropa yalimpia
-¿Me permites que te ayude? -preguntó el joven, insinuando el gesto de llevarle la cesta.
-¿Por qué? –respondió ella.
-Porque quiero -dijo él.
-¿Por qué? –repitió ella.
-Porque me gustaría caminar un rato a tu lado -dijo él con sinceridad.
-Tú no eres de aquí. Vivimos en un pueblo muy pequeño y aquí no se supone que una mujer soltera pueda caminar acompañada por un extraño.-Entonces... déjame llevar la cesta para conocerte y que me conozcas. Por toda respuesta, la muchacha sonrió y empezó a caminar hacia el pueblo.
-¿Como te llamas? –se atrevió a preguntar él, después de diez minutos de marcha.
-Nacar -dijo ella, sin pensar si debía o no contestar.
-Nacar... -repitió él, y luego agregó-:Eres tan hermosa como tu nombre.

Tres horas después el muchachito entraba en lataberna y buscaba a su amigo entre el mar de gente y la nube de humo espeso que llenaba el tugurio. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio que su amigo gesticulaba ampulosamente desde un rincón pidiéndole que se acercara. Dos hermosas mujeres casi colgaban de su cuello riendo con él, un poco como consecuencia del alcohol que a esas alturas debía de estar alcanzando ya elevadasconcentraciones en la sangre de los tres.
-Si llegas a tardar un poco más, te quedas sin probar el vino -le dijo cuando lo tuvo cerca. Y luego, mirando a una de las mujeres que lo acompañaban, agregó-: Sírvele un poco de vino a mi amigo, por favor...
-Escúchame... -dijo el joven-, necesito tu ayuda.
-Claro, hombre. Yo pago.
-No me entiendes. Me quiero casar.
-Ah. Yo también. ¿Tú prefieres a la...
tracking img