El zahir

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EL ZAHIR – PAULO COELHO

Editorial Planeta, S.A.
Título Original: O Zahir
Traducción de Ana Belén Costas
Primera Edición, Mayo 2005
Impreso en España

Dedicatoria

En el coche, le había comentado que había puesto el punto y fi¬nal a la primera versión de mi libro. Al empezar a subir juntos una montaña en los Pirineos, que consideramos sagrada y en la que hemos vivido momentosextraordinarios, le pregunté si que¬ría saber cuál era el tema central o el título. Ella respondió que le gustaría mucho preguntármelo, pero que, por respeto a mi trabajo, no había dicho nada, simplemente se había puesto con¬tenta, muy contenta.
Le dije el título y el tema central. Seguimos caminando en si¬lencio, y en la curva, oímos un ruido; era el viento que se acer¬caba, pasando por encima de losárboles sin hojas, bajando has¬ta nosotros, haciendo que la montaña mostrase de nuevo su magia, su poder.
Después llegó la nieve. Paré y me quedé contemplando aquel momen-to: los copos cayendo, el cielo gris ceniza, el bosque, ella a mi lado. Ella, que siempre ha estado a mi lado, todo el tiempo.
Quise decírselo en aquel momento, pero lo dejé para que se enterase cuando hojease por primera vez estaspáginas. Este li¬bro está dedicado a ti, Cristina, mi mujer.
EL AUTOR

Según el escritor Jorge Luis Borges, la idea del Zahir procede de la tradición islámica, y se esti¬ma que surgió en torno al siglo XVIII. En árabe, Zahir significa visible, presente, incapaz de pa¬sar desapercibido. Algo o alguien con el que, una vez entramos en contacto, acaba ocupando poco a poco nuestro pensamiento,hasta que no somos capaces de concentrarnos en nada más. Eso se puede considerar santidad o locura.
Enciclopedia de lo Fantástico, 1953, Faubourg Saint–Peres

Soy un hombre libre

Ella, Esther, corresponsal de guerra recién llegada de Irak porque la invasión del país es inminente, treinta años, casada, sin hijos. Él, un hombre no identificado, aproximadamente veintitrés o veinticinco años,moreno, rasgos mongoles. Ambos fueron vistos por última vez en un café de la calle Faubourg Saint–Honoré.
La policía fue informada de que ya se habían visto antes, aunque nadie sabía cuántas veces: Esther siempre dijo que el hombre –cuya identidad ocultaba bajo el nombre de Mikhail– era alguien muy importante, aunque jamás explicó si era impor¬tante para su carrera de periodista, o para ella, comomujer.
La policía inició una investigación formal. Se barajaron las posi-bilidades de secuestro, chantaje y secuestro seguido de muerte, lo cual no sería de extrañar en absoluto, ya que su tra¬bajo la obligaba a estar frecuentemente en contacto con perso¬nas ligadas a células terroristas, en busca de información. Des¬cubrieron que en su cuenta bancaria se retiró regularmente dinero en las semanasanteriores a su desaparición: los investi¬gadores consideraron que eso podía estar relacionado con el pago de información. No se había llevado ninguna prenda de ropa pero, curiosamente, su pasaporte no fue encontrado.
Él, un desconocido, muy joven, sin ficha en la policía, sin ninguna pista que permitiese su identificación.
Ella, Esther, dos premios internacionales de periodismo, treinta años,casada.
Mi mujer.
Inmediatamente me ponen bajo sospecha y soy detenido, ya que me he negado a decir cuál era mi paradero el día de su de¬saparición. Pero el carcelero acaba de abrir la puerta y ha dicho que soy un hombre libre.
¿Por qué soy un hombre libre? Porque hoy en día todo el mundo lo sabe todo de todo el mundo, sólo con desear la infor¬mación, ahí está: dónde se utilizó la tarjeta decrédito, sitios que frecuentamos, con quién dormimos. En mi caso, fue más fácil: una mujer, también periodista, amiga de mi mujer, pero divor¬ciada –y, por tanto, sin problema en decir que estaba conmigo–, se ofreció para atestiguar a mi favor al saber que había sido de¬tenido. Dio pruebas concretas de que estaba con ella el día y la noche de la desaparición de Esther.
Voy a hablar con el inspector...
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