Eloy

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ELOY
Carlos Droguett

Es la noche, hacia la medianoche tal vez, en medio del campo, está despierto, completamente despierto y seguro de sí mismo, tiene una larga vida por delante, le extraña que hayan venido tantos y piensa que eso mismo es de buen augurio. Cuando unjan para matarme, vendrá uno solo, algún amigo traicionero, un pariente de la rosa. Sangüesa tal vez, el feroz y cobarde Sangüesame buscara cuando yo esté dormido. Se sonreía a solas acocándose, sentado en el suelo, atisbando la noche húmeda luminosa y acariciando su carabina. La tenía sobre las piernas cruzadas y pasaba la mano despaciosamente por el cañón, acariciaba con suavidad, con una firme y casi hiriente suavidad el cuerpo, la madera, la dura y tensa y firme y suave y salvaje madera de la carabina, como un pescuezode caballo siempre apegado a sus manos, listo para ir a posarse bajo su brazo, como aquella vez, después que había saltado por la ventana y adentro, muy adentro, más allá de los innumerables pasadizos y de los rincones solitarios y extensos y de las arboledas lúgubres y húmedas, impregnadas de viento y del agua de la laguna, en la que flotaba ahogado un pantalón de niño y a él se le apegaba elllanto, los gritos, esas lágrimas ribeteadas de sangre que él adivinaba, aunque no había visto, pero es que hay gritos llenos de sangre, horrorosos, desagradables que dan miedo, pensaba mientras había saltado por la ventana y sentía el sudor frío y la carabina agarrada en su mano izquierda le daba miedo, al mismo tiempo un poco de seguridad y miedo, porque siempre se enredaba en alguna parte, en elpostigo, en los zapatos del viejo, viejo desgraciado tan cobarde, se afligía corriendo despacio bajo los árboles, lloriqueaba como un niño, tenía la cara asustada de un huaina cualquiera, del Toño si estuviera conmigo ahora, del hijo de la Rosa, cuando él en las madrugadas estaba limpiando, precisamente, la carabina y se bajaba de la cama y se metía bajo ella y arrastraba el cajón trajinandoencontraba el bolsón con las balas y bostezando, bostezando de sueño el pobrecito desparramaba las balas en el suelo y con el ruido que hacían se despertaba la Rosa y encendía la vela y la levantaba en la mano paseando la palmatoria por el aire para buscarlas. Toño, Toño, gritaba asustada y el Toño, asustado también, no contestaba y tenía entre las piernas un montón de balas y él cargaba la carabina ensilencio y sonaban como huesitos los fuelles y. entonces, como la Rosa estaba siempre sentada en la cama y había dejado encendida la vela en el suelo miraba llena de horror de cansancio y miedo y presagios al Toño y lo miraba sobre todo a él, me estás mirando lleno de hoyitos lleno de sangre, Rosa, Rosa, no mires así, le gritaba y alzaba la carabina para asustarla y se reía en lo oscuro y el Toñole pasaba un montón de balas y se reía con miedo y él gritaba llenos de risa, los gritos, Rosa, Rosa, te voy a matar la garganta, y ella se quedaba tiesa sentada en la cama y como muerta, me estás mirando lleno de sangre, crees que los agentes me van a matar, eso crees tú, Rosa, le decía, y el Toño se arrastraba hacia la cama y cogía la palmatoria del suelo y levantaba, él comprendía y se loagradecía, la levantaba bastante como para que él pudiera tener toda la luz que le iluminara los pechos de la Rosa, su bonita cara tostada, sus ojos hundidos en las ojeras que te he hecho pacientemente noche a noche de tanto quererte y llamarte y meterte miedo labrando mi amor como una tablita. Te voy a matar, le gritaba, y entonces el tono le decía, riendo de pie en la oscuridad: Mátala, mátala,bonito, Eloy, y él disparaba justo para que la bala se llevara por delante un trozo iluminado de la vela y el Toño lloraba asustado en la oscuridad y la Rosa gritaba verdaderamente temerosa, no grites por Dios, chillaba él desilusionado ahora, lleno de desencanto y de tristeza y se sentía nervioso y nadie sabría nunca cuánto los quería a los dos, al mocoso y a la Rosa, porque ahora mismo se hubiera...
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