En este comedor hay una mesa sin servir

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 7 (1742 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 27 de marzo de 2011
Leer documento completo
Vista previa del texto
EN ESTE COMEDOR HAY UNA MESA SIN SERVIR
Sonia Oscoz

Lo tengo todo listo. Una mesa de adultos completamente vestida y equipada que destaca sobre las demás principalmente porque las dobla en tamaño y altura pero también porque todavía no está servida. Estoy tranquila y me siento confiada. Hoydejarán de imaginar cómo es el comedor del colegio de sus hijos y comerán con nosotros. Comprobarán con sus propios ojos cómo hacemos para trabajar en el pequeño infierno que estos seres angelicales son capaces de crear.

Mientras doy el último vistazo a este comedor todavía en silencio, me dan las doce en punto del mediodía. Suena el timbre del colegio y yo ya tengo mi bata seminívea vestida. (Sigosin lograr acabar con estas descaradas e indiscretas manchas amarillas parasitadas a ella). Subo las escaleras con el resto de mis compañeras para ir en busca de mis querubines y serafines. ¡Allá que vamos las monitoras del comer en tropel!

Llegamos a la segunda planta y las puertas de los pasillos a derecha e izquieda permanecen cerradas. Empezamos a dividirnos hacia un lado y otro. Unas hande ir a buscar a los niños de dos años, otras a los de tres, otras a los de cuatro… Están repartidos en ambas alas. Una compañera de las de mi grupo, antes de hacer caer la manilla de la puerta de la izquierda, toma aire y exhala un “¡ánimo y al toro!”. Sonreímos. Abre la puerta del burladero y de pronto el estrépito se hace ensordecedor.

Los niños juegan entretenidos en los amplísimospasillos que hay frente a sus aulas. Motos, bicis y carricoches se agolpan por doquier y ellos no se han dado cuenta de que ya hemos llegado. Los míos son aquellos de dos escasas primaveras que llevan ya puestos sus limpios baberos. (Pienso en estos y digo: “¡Pobres!, qué poco os va a durar esa limpieza. No sabéis a quién vestís”.) Los niños esconden sus bellísimos rostros detrás de un par de velas quependen de sus naricitas. ¿Será posible que algo tan pequeño dé semejante producción? ¿Por dónde serán capaces de respirar estos súper héroes con semejante barrera de por medio?

Cada niño muestra candelas muy variopintas: verdes, amarillas, incoloras… También de consistencia más o menos densa, siendo las causantes de mayor pavor las espesas. ¿Por qué? En primer lugar, por constituir una seriaamenaza a esta bata que está condenada a no ser nunca inmaculada y en segundo, porque cuando una ve que una mucosidad tan angelical se ha percatado de su presencia y corre hacia ella con amor y cariño sincero para fundirse en un abrazo, se enfrenta irremediablemente a una dura prueba de amor. “Querer o no querer, ¡ésa es la cuestión!” (Por desgracia para mi bata, la disyuntiva la solucionorápidamente y ella observa resignada que ese día tampoco logrará el soñado albar).

Ha llegado el momento de descender a los infiernos. Mi cuerpo pone en pie los doce sentidos. (Este trabajo me ha bendecido sobre el resto de los mortales con siete más, sí). Empezamos a bajar las escaleras hacia el comedor y ruego, suplico, ¡imploro! que lo hagan en fila, pegaditos y agarraditos a la barandilla.Comenzamos a descender. Vamos bien, vamos bien… Lentos, pero sin pausas… Todo bien… ¡Horror! Aitor ha sufrido uno de sus cortocircuitos y me ha dinamitado el tren de mercancías. Se me ha dividido. La primera mitad avanza sola y la segunda aguarda desconcertada. Aitor se ha tumbado en el suelo y empieza a llorar enrabietadamente. ¿Qué ha ocurrido? Ni la más remota idea. Sólo quiero tratarle comoen su día lo hicieron con Lázaro:”¡Levántate y anda!” Pero no obedece. Uma, Alain y Lucía lo miran impertérritos, como cuando una vaca mira a un tren mientras está gozando de su pasto. Lo esquivan y siguen avanzando. Los del primer grupo se han dado cuenta de que van solos y esa independencia es un rico caramelo que no están dispuestos a desperdiciar. Barrunto el terror. Los Chuckies, muñecos...
tracking img