En la tierra del rey carmesí, en la tierra de la esperanza

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En la Tierra del Rey Carmesí, En La Tierra de la Esperanza

(ALTERNO)

-Mierda.
La habitación estaba vacía.
-Mierda.
Todo era luz, tranquilidad, un amor inmenso, y por sobre todo, la paz interior. Pero la habitación estaba vacía.
-Mierda.
Una voz llenó todo, y le habló a la persona que estaba ahí adentro, contemplando la blancura del lugar:
-Tu mierda no llenará el lugar, Misionero.-Mierda.

CANTO PRIMERO: LOS NUEVE CÍRCULOS.

I

Todo era oscuridad, no había una pizca de luz. El cielo estaba de un color negro azabache, no había ninguna estrella que lo adornara y en cambio, tres lunas repartidas de una manera extraña parecían formar un triángulo isósceles que se burlaba cruelmente de todo lo que había abajo. En el horizonte, donde el firmamento oscuro y lo que parecía latierra se unían en un beso eterno, una mancha de color naranja parecía querer asomarse, pero no quedaría en nada más que eso, un vano intento por asomar, algo que nunca llegaría a pasar. Un hombre caminaba por ahí, iba con la cabeza gacha y parecía perdido pero a la vez seguro de sus propios pasos, como persiguiendo algo, o a alguien que nunca alcanzaría. A pesar de que parecía ser de noche, latemperatura era elevada, no con tanto calor como para derretirse, pero suficiente para tener un par de problemas a causa de eso. Era algo contradictorio, parecía el desierto, y para esas horas, la temperatura debería ser bajísima. El sujeto que caminaba en aquel paraje parecía haberse equivocado de clima: traía unos viejos Converse de Bota de color negro, unos pantalones de mezclilla que se leajustaban a las piernas, sin ser entubados, y encima, una chamarra de piel con un cocodrilo en a la altura del pecho. Lástima que no era original. Siguió caminando con la cabeza gacha varios cientos de metros más; su cabeza era un mar de ideas, enredadas entre sus cabellos, perdiéndose entre sus ojos, ahogándose entre sus narices, no sentía el pasar de los pasos, ni siquiera la brisa caliente que lerevolvía el cabello y que le hacía llorar los ojos. Nada. Su marcha parecía no tener fin, y sin embargo, se detuvo, en seco. Su semblante había cambiado por completo, ya no era una expresión de indiferencia, ni era para menos, se había detenido ante un arco imponente, enorme. Se podía comparar en tamaño al Duomo, la catedral de Milán. Pero esto era diferente, la imponencia aterraba, no imponía lapaz que la iglesia principal de aquella ciudad italiana imponía; aterraba de verdad, sobre todo por su advertencia:
-Por mí se va a la ciudad del llanto, por mí se va al eterno dolor, por mí se va hacia la raza condenada: la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo eterno, y yo duroeternamente. ¡Oh, vosotros los que entráis, adandonad toda esperanza!
Estaba escrito en tres idiomas, latín, griego y arameo, las que dominaban el mundo antiguo, y sin embargo, aquel lugar tenía una eternidad de ser creado, en comparación con esas lenguas mundanas, eran bebes en brazos aún, y siendo aún mas trágicos, ni siquiera un embrión en el estómago de la mujer. Pero eso no era todo;alguien le había leído aquella inscripción a aquel sujeto, de los contrario, no habría entendido casi nada, lo poco que sabía de latín lo había pillado de alguna película o de algún libro, pero esa vida había quedado atrás hacía tantísimo tiempo.
-Hola, Misionero.
Una voz gutural le habló desde el arco. Se había magnificado por la enorme altura que se había olvidado mirar hacia la base, desde dondehabía alguien sentado al pie de la estructura. Su cara estaba perdida entre las sombras, y sus largos cabellos negros le cubrían parte de la cara. Un manto le protegía el cuerpo, parecía la parodia de algún fraile de la Edad Media. El aludido se quedó de piedra, y respondió con un hilo de voz:
-¿Quién eres tú?
El que estaba sentado al pie del arco comenzó a reírse, primero una risa tímida que...
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