Fabulas de esopo

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El perro que perdió su hueso
El viejo perro sujetaba firmemente su grande y carnoso hueso entre las mandíbulas y empezó a cruzar el angosto puente que llevaba al otro lado del arroyo. No había llegado muy lejos cuando miró y vio lo que parecía ser otro perro en el agua, allá abajo. Y, cosa extraña, aquel perro también llevaba un enorme hueso.
No satisfecho con su excelente cena, el perro, queera voraz, decidió que podía, quizá, tener ambos huesos. Entonces, gruñó y lanzó un amenazador ladrido al perro del agua y, al hacerlo, dejó caer su propio hueso en el denso barro del fondo del arroyo. Cuando el hueso cayó, con un chapoteo, el segundo perro desapareció..., porque, desde luego, sólo era un reflejo.
Melancólicamente, el pobre animal vio cómo se esfumaban los rizos del agua yluego, con el rabo entre las patas, volvió a su casa hambriento. ¡Estúpido! Había soltado algo que era real, por tratar de conseguir lo que sólo era una sombra.

Un pez en la mano
El pescador se pasó toda aquella tarde de verano en las riberas del arroyo y usó como cebo los más selectos gusanos, pero no atrapó un solo pez. Al alargarse las sombras, se dispuso a guardar sus bártulos y regresar acasa. De pronto, sintió un tirón en su caña. La sacó bruscamente. .. y vio que en el anzuelo había únicamente un pez tan pequeño que apenas si valía la pena de freírlo.
-Perdóname la vida! ¡Perdóname la vida! -gritó el pececito-. ¡Soy tan diminuto! Vuelve a tirarme al arroyo y dentro de un mes seré mucho más grande y podrás pescarme y darte un banquete.
Pero el pescador se echó a reir. -¡No!Ahora estás en mi poder -le dijo, meneando la cabeza-. Pero si te vuelvo a arrojar al agua, me gritarás: "¡Buen pescador, atrápame si puedes!" ¡Un pez en la mano vale por dos en el arroyo!
Y después de decir esto, el pescador mató al pez y lo puso en el cesto, a fin de llevárselo a su casa para la cena.

La caña y el roble
El viento soplaba en grandes ráfagas. Las espigas de trigo se tendíanbajo los golpes de la borrasca. Los esbeltos árboles de la selva se inclinaban humildemente, y los animales corrían en busca de refugio. El estruendo del viento cantaba entre las copas de los árboles, fustigaba la superficie del estanque de los lirios, trocándola en espuma, y daba vueltas a las anchas y lisas hojas de las plantas acuáticas.
Pero el viejo roble seguía erguido c inmutable en ellinde del bosque y no se doblaba bajo la furia de la tormenta.
—¿Por que no te inclinas cuando el viento golpea tus ramas9 —preguntó la esbelta caña—. Yo sólo soy una frágil caña. Me balanceo con cada ráfaga.
Desdeñosamente, el roble replicó:
—¡Bah, eso no es nada! Las tormentas que he soportado y vencido son innumerables.
La tormenta lo oyó y sopló furiosamente. El luminoso zigzag de unrelámpago rasgó la oscuridad del cielo, y la lluvia azotó con fuerza el ramaje del poderoso roble. Pero el árbol resistió impasible.
Por fin, pasó la tempestad, asomó el sol por encima de una nube, sonrió a la Tierra que estaba allá abajo y volvió a reinar !a calma.
Entonces, salieron del claro los leñadores, blandiendo sus hachas v cantando alegremente. Iban a talar el gigantesco roble.
Éste semantuvo erguido con firmeza, recibiendo valerosamente los golpes, cuando la filosa hoja del hacha lo hería. Luego, al balancearse su enorme tronco, profirió un terrible gemido y se desplomó con estruendo atronador. Los leñadores le cortaron las ramas, lo ataron y se lo llevaron del bosque, donde había estado en pie durante tantos años.
La esbelta caña, firme y erecta en su sitio, suspiró conlástima.
—¡Qué desgracia! —exclamó—. ¡Pobre roble! ¡Éramos tan buenos amigos!

El día de la mudanza para las alondras
Las alondras jóvenes dijeron, presas de la mayor excitación, a su madre, cuando ésta llegó al nido, con un largo gusano en el pico:
—¡Madre! ¡Madre! Hemos oído decir ai granjero que mandará por sus amigos para segar el cereal. ¡Encontrará nuestro nido! ¡Tenemos que mudarnos!...
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