Ferrer

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El texto que sigue se publicó originalmente en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIII, nos 1-2, 1993, págs. 395-423. ©UNESCO: Oficina Internacional de Educación, 1999 Este documento puede ser reproducido sin cargo alguno siempre que se haga referencia a la fuente

ADOLPHE FERRIERE
(1879-1960)
Daniel Hameline1Entre las personalidades que gozaron de una indudable proyección internacional en el periodo de entre las dos guerras mundiales, Adolphe Ferrière es ciertamente una de las que más ha sufrido de las “injurias del tiempo”. El olvido en que ha caído su obra no es, por lo demás, la peor de esas “injurias”. Cuando se menciona el nombre de Ferrière, en el contexto casual de una cita o una alusión, seobserva con frecuencia que los rasgos de esta “figura” que sobreviven en la memoria de la gente son más denigratorios que apologéticos. La primera imagen de Ferrière que nos viene a la memoria es positiva y simpática: la del celebrado e infatigable propagandista de una idea generosa de la infancia activa. Pero este elogio, según quien lo escriba, tiene algo de vejatorio también: el que se celebra es elhonrado militante idealista, el apóstol abnegado, más apto para la ensoñación lírica que para el pensamiento riguroso. La segunda imagen es más claramente negativa, y persiste aún en nuestros días. Según esta imagen, Ferrière fue el arquetipo del psicopedagogo “espiritualista” (bajo una capa externa de modernismo), o sea, reaccionario y limitado. Sabemos bien con qué virulencia, en los años 60,sociólogos o pedagogos de inspiración principalmente marxista pusieron en la picota la psicología o la psicopedagogía de la Escuela activa. Se denunciaba en ella el enmascaramiento pseudo-científico de la ideología pequeño-burguesa, elitista e individualista. Ferrière fue uno de los blancos preferidos de esta crítica (véanse, p.e., Charlot, 1976; Vial, 1990). Esta doble imagen de “apóstol” y“reaccionario” no hace justicia a la realidad de la obra de Ferrière, y aún menos a su verdad humana. Ahora bien, la lectura de su Petit Journal (43 tomos, 1918-1960), y una reconsideración de su empresa y sus obras, nos permitirán ver a un personaje que aún nos toca de cerca, a través de sus mismas contradicciones. Vemos pues en Ferrière un hombre a la vez frágil y seguro de sí, vanidoso hasta hacernossonreír y generoso hasta provocar la admiración. El mismo se calificaba de “introvertido por necesidad”, ya que a los 20 años una sordera total lo había aislado del mundo siendo así que, “extravertido por temperamento”, se sentía una legítima vocación de hombre público. Deseoso sinceramente de dedicarse en prioridad a la práctica educativa, tuvo que renunciar a esta “vocación” por causa de suimpedimento y, contra su voluntad, hacerse “pedagogo”. Hombre de convicciones desinteresadas, la necesidad de garantizar su subsistencia le condena a las funciones de plumífero mercenario de la “nueva educación”. Sin duda comparte muchos prejuicios de su medio social, pero al propio tiempo sus escritos políticos revelan un observador sagaz y objetivo del periodo de entre guerras. Este “liberal”elitista y defensor de las jerarquías sociales publica una profesión de fe “socialista” en 1919; es partidario del “plan” y propugna un resurgimiento económico dirigido por el Estado, pero que no sacrifique el poder adquisitivo de las masas. Este polemista exaltado es un hombre del término medio, que aboga por la reconciliación “de la ciencia y el sentido común”. Este
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hombre patético es unhumorista. Mirándolo bien, Ferrière es realmente un “inclasificable”. Y esto es lo que le hace tan entrañable, más allá de la imagen tradicional que se ha dado de él.

Las empresas de Adolphe Ferriere
En Mon grand journal2, con fecha del 23 de enero de 1944, Ferrière divide su vida intelectual en cinco decenios, cada uno de ellos dominado por una disciplina diferente: “Entre 1900 y 1910 viví en la...
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