Gauchos...

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Gauchos... (cuento)
Luis Gudiño Kramer

Con los cuatro cachorros a la cola del tostado, que va levantando polvaredas de tierra del callejón, Ramón Rodríguez vuelve del Saladero a La Jacinta, trayendo el caballo del mayordomo, que volverá después en el auto con don Esteban.
Ramón parece de lejos un muchacho sobre el recado, las piernas cortitas y los estribos chicoteando… tras que don Venancioestriba largo, el entrerriano…
Tormenta, Rejucilo, Trueno y Centella, a poco comienzan a deparramarse, corriendo detrás de los bichos, metiendo la nariz en las cuevas de lechuza, rastriando perdices y cuises. Cuando pasó el camioncito de San Bernardo se le abalanzaron como a morderle las gomas, y casi quedó apretada Centella, que es la más corsaria.
Allá al poniente, para el lado del Saladillo,grandes nubes rojizas se aploman. Pero son de seca los signos. Seca larga, de casi dos meses. Antiyer se quemaron dos potreros de La Susana. Esta noche podrán reventar las quemazones por cualquier parte.
–Menos mal que la liña anda bien, sinó otras calda…
Alviso y Ramón sufren más que los otros peones con la seca. Alviso es el herrero, carpintero y mecánico. Ramón el chofer, electricista,jardinero, peluquero y otros oficios mayores y menores. El teléfono lo sabe tener mal. Desarma las baterías y las pilas, cambia los elementos, vuelve a arrollar las resistencias y las bobinas… Si. Siguió un curso por correspondencia y domina más o menos bien los términos y los elementos técnicos.
Callado, movedizo, ligeramente sordo, el día de Ramón es extraordinariamente variado y lleno depreocupaciones e incidencias, dentro de lo aparentemente monótono de esa vida y lo estrecho de su escenario. Al fin y al cabo, el mundo de Ramón es una estancia en la cual funciona un teléfono y un conmutador: el mayordomo tiene un automóvil: hay una caldera a vapor para la calefacción y una noria a malacate para la provisión del agua; unas vacas para el gasto casero y una descremadora; un gallinero;árboles frutales y jardín de flores, como se suele decir y hormigas, y loros que aspiran a anidar en los altos árboles del parque y las avenidas de acceso a la estancia. Y sobre todo hay un mayordomo movedizo, inestable, que tan pronto sale al campo a la madrugada o al rigor de la siesta, a caballo o en auto, como emprender grandes empresas como la construcción de esa pileta que está trastornando lavida de las estancias.

* * *

Ramón estaba enseñándole a hornear a la nueva cocinera, doña Yiudita, una italiana que no salía afuera sin ponerse un gran sombreo de paja –la pamela, decía– y que movía con escasa agilidad sus piernas con várices.
Empezó con muy buena voluntad, pero puede decirse que al final el pan lo amasó y lo horneó él solo. ¡Mire que tenía macanas la gringa!
En ese momentode su evocación se le espantó el caballo. Le acomodó un sonoro lonjazo… pa que aprendás, sotreta…
Temprano había ordenado y descremado. Menos mal que su mujer le ayudaba un poco; pero como los muchachos andaban con la famosa pileta, de ayudantes del albañil, buscando hojas de tuna para la cal… el gringo viejo quería echarle leche… Pero, a ser brutos,
¿eh?... él tuvo que llevar las vacas alpiquete de la estancia chica y cuando volvió, claro, ya se había pasado el tiempo de estirar la masa. La gringa había puesto los panes así, sin taparlos, y estaban más aplastaus que torta e vaca… Pero a ser bárbara, ¿no?... ¿Cómo iban a leudar así? Bueno. A media mañana estaba sacando los panes con anís del horno. Ni la pala había, ni desparramador para las brasas. Con un arco de barril y unatacuara hizo un aparato y se lo entregó a la cocinera, para otra güelta… Pero con ese salto, don Venancio siguro que va a tener que encargar el pan al Saladero, piensa.
Y apenas había concluido, amigo, cuando de “La María” avisaron que la línea debía estar caída, porque no podían conseguir llamada. Así que ensilló y le pegó para “La María”. Levantó el hilo, lo uñó y se volvió. A media siesta, cuando...
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