Gotas de anzio

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Gotas de Anzio Ernesto Micetich

1

Gotas de Anzio
Ernesto Micetich

Doce gotas de amor

Gotas de Anzio Ernesto Micetich

2

1 Anzio delicadamente adorna el frío de sus calles rociando suaves gotas de luz entre los azulados gemidos del moribundo día, mientras yo camino por la bajada que costea villa Adele mirando las palmas que extrañamente delimitan la calle y las imagino llenandode tácitos suspiros el silencio que las rodea o tal vez huyendo del dolor que implacablemente las agobia abandonándose en las alas del sueño para alcanzar otros climas, otros paisajes apasionadamente anhelados. Pero, por alguna razón que solo alberga en mi corazón, siento que mis pasos se vuelven más y más lentos… ¡Eres tú, dilecta Anzio, que sacudes los afanes inútiles de la mediocridad cotidianay acaricias mi alma colmándola con tu calor! Anzio adorada, ahora mi cuerpo se mueve en el delicado candor de tus brazos maternos y dulcemente me sostienes… envolviéndome en el melancólico néctar de los recuerdos. No se en que momento el pasado abrió las misteriosas puertas de su urna pero contemplo atónito en la penumbra, voces, rostros y luces de días muertos en los años y que flotan en lainfinita tristeza del piélago etéreo, levemente empurpurado en los velos sepulcrales del crepúsculo incipiente. Villa Adele me recibe en altivo silencio mientras cruzo su umbral mirando una cansada reja que desde quizás cuantos años defiende cuidadosamente la intimidad de esa parcela de sublimidad ubicada en el corazón de Anzio. ¡Vieja reja! ¡Cuanto miedo sentía, en mi corazón de niño, cuando mequedaba jugando con mis amiguitos de infancia en los anchurosos espacios del parque que severamente custodias y luego me dirigía a la salida esperando no encontrarte cerrada! Eras tan grande entonces… y como te erguías imponente frente a nosotros niños recordándonos, amenazadora, un horario invisible, hecho por manos desconocidas al servicio de una autoridad que apenas percibíamos y de la cual éramosunas albas semillas. Camino envuelto en los efluvios del pasado mientras sigo pisando la tierra de tus calles y acaricio con melancólica mirada la vegetación que decora con su viviente belleza tus caminos y se eleva, enmantando majestuosamente una pequeña loma, que los ojos de mis primeros años contemplaban, reverentemente pasmados, como una alta cumbre que guardaba tácitamente los arcanos secretosde un pasado ancestral, que aparecía brotando apenas desde el espeso velo de la vegetación… y que mi joven cuerpo se deleitaba a escalar, sintiendo en una hierática compenetración, las turbadoras exhalaciones de la antigüedad y saboreando en la fogosidad de la sangre encendida por la voluptuosidad del peligro, el aroma de las plantas, de la tierra… de la encantadora infancia…

Gotas de AnzioErnesto Micetich

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¡Cuantas imágenes, cuantos sonidos de voces perdidas en el tiempo, entonces, se agolpan en las planicies de mi alma voloteando en una avalancha de tristeza que sumerge mi estremecida conciencia! ¡Abismal nostalgia del tiempo que fue, que ha pasado dejando profundos suspiros de recuerdos que viven ocultos en mí y que ahora afloran temblorosamente en esta mesticiacrepuscular…! Mis lentos pasos, pausados por un arcano ritmo, siguen llevándome por esta tácita trama envueltas en un melancólico eco de soles difuntos, sepultados en el sarcófago de la eternidad… y veo, en un tumultuoso oleaje de sensaciones, el parque para los niños; ese minuto mundo en el cual recibías a tu pequeña prole, amada Anzio y donde yo corría alegremente en la plenitud de la vida transcurriendohoras de felicidad entre resbaladeros que nos divertíamos a montar al revés en pruebas de valentía y columpios con los cuales nos abalanzábamos arriesgadamente hasta al cielo. Y no había más; eras tan pobre entonces, tierra mía, pero recuerdo el aire saturado por la felicidad gorjeante de nosotros, tus pequeños hijos, que te embellecíamos con el radioso caudal de nuestra inquieta infancia y las...
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