La botica utopica

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  • Publicado : 22 de noviembre de 2011
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LA BOTICA UTÓPICA *
Por: MARCELA MARTINELLI
 
Quizá sea posible decir que el psicoanálisis comienza cuando su fundador abandona una clínica sustentada sobre un Otro absoluto materializado en una droga; esto es, cuando Freud abandona la utopía de una sustancia que curase la fisura del ser.
 
Sin embargo, el mundo actual parece que retorna aquellas utopías del inicio del freudismo. Hoy en día,sobre todo en las grandes urbes de occidente, ante el vacío de proyectos que apuesten a un futuro mejor, ante la dificultad lacerante de sobrellevar para muchas personas un presente ya no digno, sino más o menos soportable, ante el derrumbe de las ideologías de progreso o fraternidad fructífera, han resurgido propuestas religiosas de redención y consuelo. Lo singular es que los dioses a los quese apuestan en estas nuevas religiones se han transformado de guías místicos y suprahumanos, en sustancias químicas de una farmacia industrial. Los viejos dioses con sus oraciones y sus templos no pueden ofrecer lo que la religión de la droga propone. Demasiado lejos para escuchar o demasiado cerca para castigar, los dioses de antaño, con sus milagros y sus promesas han perdido terreno; esteterreno.
 
En la actualidad aparece mucho más eficaz la religión de los estupefacientes que la de los rabinos y los cardenales. Ante la desaparición de la esperanza surge una nueva fe, esta vez puesta en las sustancias y no en los rezos. Los jóvenes de todas las urbes recorren cada vez más a las drogas para intentar tocar, aunque más no sea por unas horas, el brillo incandecente de la felicidad. Noimporta que sea ficticia y pasajera, al menos, es. Las drogas convocan a quienes ante el silencio de la risa cósmica o el ruido de la ciudad ingrata, acuden a la necesidad de creer que sí hay algo que los salve, que los eleve; que los cure. ¿Qué los cure de que? Del desempleo, del maltrato, de la sumisión ante el estado o la empresa, la familia o la globalización económica. No es tanto una claridadterapéutica como una sed de fe. La droga aparece como algo tangible, visible, incluso obtenible, no sin problemas, no sin dolor, pero recompensable al final del esfuerzo. Un nuevo Dios surgido de las farmacias clandestinas, se enfrenta al viejo Dios surgido de los templos bíblicos. Se perfila una necesidad de creer en un Dios, absoluto y generoso; el adicto en el fondo es un hombre de fe, sea pordesesperación o por necesidad, el sujeto se ve entregado a la pasión de la creencia en un Otro que lo salve, lo divierta y lo eleve. Ya lo decía hace algunos años el poeta chileno Pablo Neruda en un texto llamado Oda a la farmacia:
 
Farmacia, iglesia
de los desesperados,
con un pequeñodios
en cada pildora.
 
Pero no se necesita acudir a la zona "marginal" de los desesperados, para ver el lugar que la droga tiene en nuestras sociedades.
 
En la nueva actitud empresarial de competencia y excelencia, la cocaína se ha convertido en una mercancía más junto a las corbatas de seda y los zapatos hechos a la medida. Las clasespoderosas han utilizado las drogas como estimulante para el fin de semana y como aceite para la maquinaria económica. Nueva fuerza de propulsión para los cuerpos cansados, nuevo motivador de largas jornadas en la bolsa de valores o la empresa. La droga como gasolina para la velocidad de la fábrica y la efectividad de la acción.
 
Quizás se trate de una droga-dí-acción. Aquí se juntan los dos dioses dela sociedad industrial: el Dios dinero y el Dios químico, la fe en el dinero como redentor con sus cultos, su curia ideológica y sus grandes templos en Wall Street, Avenida Reforma o Pont de Neuilly, se une a la próspera industria de las drogas y su distribución clandestina pero segura. Frente a ambos dioses la fe en sus poderes estremece a los yuppies tanto como a los hambrientos de amor, vino,...
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