La calle de la joya

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La Calle de la Joya

Lo que voy a narrar, historia o cuento,
que dio nombre a la calle de la Joya,
en crónica, perdida, de un convento,
dejólo escrito el provincial Montoya.

Y aunque pobrede flores y de galas,
mi numen pide a la Fortuna esquiva,
que al extender la tradición sus alas
si el verso muere, la leyenda viva.

Era un hogar feliz, de amores nido,
a las intrigas de lacorte ajeno,
entre álamos frondosos escondido,
lleno de paz y de esperanza lleno.

Al lado de Gaspar, allí Violante
su compañera, vive dichosa,
que para limpio corazón amante,
es el hogar el cielode la esposa.

Pocos meses, muy pocos han pasado
desde que en premio a su constante anhelo,
juntos en el altar han alcanzado
para su amor la bendición del cielo.

Vino entonces a México,gallardo
doncel, de noble y distinguida cuna:
el capitán don Diego de Fajardo,
de ánimo grande y sin igual fortuna.

De lealtad y valor era un tesoro,
y nunca tuvo, en su intención discreta,
ni alver el infortunio, oculto el oro,
ni en pro de la virtud, la espada quieta.

Una vez que en su yegua jerezana
del campo alegre a la ciudad volvía,
asomada a su rústica ventana
miró a Violante aldeclinar el día.

Detuvo el paso, la miró extasiado,
Fuese, volviendo el rostro a cada instante,
y esa noche, confuso y agitado,
soñó y volvió a soñar aquel semblante.

Desde entonces lassombras protectoras,
rondando aquella casa, le envolvían,
y unas tras otras, siempre las auroras
en el mismo lugar le sorprendían.

Negra la noche está; Gaspar ausente,
Violante sola,triste,preocupada,
Escuchando el gemido que doliente
lanza el viento al cruzar por la enramada.

De súbito la dama se estremece,
ve abrirse una ventana y, a sus ojos,
don Diego de Fajardo se aparece
que va apostrarse ante sus pies de hinojos.

Ruegos, promesas, llanto que no enjuga
por pintar el amor en que se inflama,
nada alcanza a entibiar, nada subyuga
la altanera esquivez de aquella dama....
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