La casa de los espíritus

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La casa de los Espíritus.
Isabel Allende.

CÍRCULO DE LECTORES

Cubierta, Yzquierdo

Círculo de Lectores, S.A. Edición no abreviada
Valencia, 344 Barcelona Licencia editorial para Círculo de Lectores
Por cortesía de Plaza & Janés, S.A.
Queda prohibida su venta a toda persona que no pertenezca a Círculo de
Lectores
Depósito legal B. 16899-1983
Compuesto en Garamond 10
Impreso yencuadernado por
Printer, industria gráfica sa
Sant Vicen,; dels Horts 1983
Printed in Spain

ISBN 84-226-1544-4

A mi madre, mi abuela y las otras extraordinarias mujeres de esta historia.

¿Cuánto vive el hombre, por fin? ¿Vive mil años o uno sólo? ¿Vive una semana o varios siglos? ¿Por cuánto tiempo muere el hombre? ¿Qué quiere decir para siempre?

PABLO NERUDA

CappítuloPrimero
ROSA, LA BELLA

Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde, cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto.El día que llegó Barrabás era jueves Santo. Venía en una jaula indigna, cubierto de sus propios excrementos y orines, con una mirada extraviada de preso miserable e indefenso, pero ya se adivinaba -por el porte real de su cabeza y el tamaño de su esqueleto- el gigante legendario que llegó a ser. Aquél era un día aburrido y otoñal, que en nada presagiaba los acontecimientos que la niña escribiópara que fueran recordados y que ocurrieron durante la misa de doce, en la parroquia de San Sebastián, a la cual asistió con toda su familia. En señal de duelo, los santos estaban tapados con trapos morados, que las beatas desempolvaban anualmente del ropero de la sacristía, y bajo las sábanas de luto, la corte celestial parecía un amasijo de muebles esperando la mudanza, sin que las velas, elincienso o los gemidos del órgano, pudieran contrarrestar ese lamentable efecto. Se erguían amenazantes bultos oscuros en el lugar de los santos de cuerpo entero, con sus rostros idénticos de expresión constipada, sus elaboradas pelucas de cabello de muerto, sus rubíes, sus perlas, sus esmeraldas de vidrio pintado y sus vestuarios de nobles florentinos. El único favorecido con el luto era elpatrono de la iglesia, San Sebastián, porque en Semana Santa le ahorraba a los fieles el espectáculo de su cuerpo torcido en una postura indecente, atravesado por media docena de flechas, chorreando sangre y lágrimas, como un homosexual sufriente, cuyas llagas, milagrosamente frescas gracias al pincel del padre Restrepo, hacían estremecer de asco a Clara.
Era ésa una larga semana de penitencia y deayuno, no se jugaba baraja, no se tocaba música que incitara a la lujuria o al olvido, y se observaba, dentro de lo posible, la mayor tristeza y castidad, a pesar de que justamente en esos días, el aguijonazo del demonio tentaba con mayor insistencia la débil carne católica. El ayuno consistía en suaves pasteles de hojaldre, sabrosos guisos de verdura, esponjosas tortillas y grandes quesostraídos del campo, con los que las familias recordaban la Pasión del Señor, cuidándose de no probar ni el más pequeño trozo de carne o de pescado, bajo pena de excomunión, como insistía el padre Restrepo.
Nadie se habría atrevido a desobedecerle. El sacerdote estaba provisto de un largo dedo incriminador para apuntar a los pecadores en público y una lengua entrenada para alborotar los sentimientos.-¡Tú, ladrón que has robado el dinero del culto! - gritaba desde el púlpito señalando a un caballero que fingía afanarse en una pelusa de su solapa para no darle la cara-. ¡Tú, desvergonzada que te prostituyes en los muelles! -y acusaba a doña Ester Trueba, que inválida debido a la artritis y beata de la Virgen del Carmen, abría los ojos sorprendida, sin saber el significado de aquella palabra ni...
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