La cuentística de piñera. un ensayo de periodización

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  • Publicado : 30 de agosto de 2010
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La cuentística de Piñera: un ensayo de periodización

Según Roland Barthes, Thibaudet ya había advertido que a menudo existe en la producción de los grandes escritores una obra límite, singular, casi molesta, en la que estos depositan, al mismo tiempo, el secreto y la caricatura de su creación.1 La noticia es de 1951. Tres años después, Borges anotaba en uno de sus prólogos: «Yo diría quebarroco es aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura […] yo diría que es barroca la etapa final de todo arte, cuando éste exhibe y dilapida sus medios».2 Esta obra límite, «barroca» —en el sentido apuntado por Borges—, es la que podemos hallar en la última etapa de la cuentística piñeriana. Describir (razonar) un tramo de eseitinerario es el objetivo central de las páginas que siguen.

II
Desde su mismo comienzo, la obra de Virgilio Piñera ha estado asociada con criterios polémicos; su temperamento, su voz siempre inconforme y rectificadora, no podían menos que arrojar estos resultados. Al paso del tiempo, aquel «talento amargo», aquella «oscura cabeza negadora» devinieron «leyenda negra». Parte de esa leyenda (la máspintoresca y fructífera en nuestra literatura del siglo xx y uno de los mitos de más enconada persistencia en el imaginario colectivo del lector cubano) es la de la amistad/rivalidad entre Lezama y Virgilio: el «Maestro número uno» y el «Maestro número dos». Por tanto, no resulta extraño constatar que, para la crítica, esa relación de competencia, rivalidad, negación parcial e influenciasrecíprocas, sea también un punto de partida.
Así, a partir de esta oposición esencial, se han elaborado múltiples modelos que tratan de comprender o explicar el universo narrativo piñeriano. De entre algunos existentes, señalaremos dos que son notables por su nivel de coherencia: la «poética de la frialdad» y la «poética existencialista». En la primera (Teresa Cristófani Barreto, Daniel Balderston,Fernando Valerio-Holguín),3 se define la «cualidad fría» de la escritura de Virgilio como un rebajamiento del erotismo barroquizante lezamiano y a partir de ahí, una lógica del absurdo por la pura denotación de los significantes. En la segunda (Aída Beaupied, Enrico Mario Santí, Alberto Moreiras y Francisca Noguerol),4 se describe y analiza el absurdo piñeriano como una respuesta existencial frente altrascendentalismo de Lezama y del Grupo Orígenes; como la asunción implícita de un «compromiso afectivo» y la fuga alternativa de ese compromiso.

En la base de estos modelos que hemos mencionado, y de otras corrientes y líneas temáticas que no se originan explícitamente en la oposición antes señalada, existen dos posturas interpretativas que son las mayormente asumidas frente al corpus narrativode la obra virgiliana. Una que tiene en cuenta los factores evolutivos (elementos biográficos, históricos, temáticos, estilísticos, etc.) y otra que los ignora o los reduce a un campo más específico. Esta segunda estrategia, comprensible en cuanto a trabajos puntuales sobre temas determinados, genera una especie de «atomismo interpretativo», de visión estática y fragmentada, cuando se aplica a laproducción completa de un autor dentro de un género; ofrece, como resultado inevitable, una «poética del estatismo», lo que en el caso de Virgilio Piñera es resumen y expresión de un lugar común: la idea de que en su cuentística no se verifica una evolución conceptual y de que, por lo mismo, sus primeros textos son similares en cuanto a temas y estilo a los últimos que escribió. Ese modo delectura, de difícil sustentación en el estudio de la poesía y el teatro virgilianos —pues allí la idea de evolución y cambio se impone por su evidencia—, ha encontrado tierra fértil en el estudio de la narrativa. Con tanta fuerza se ha implantado esta «poética del estatismo» en el pensamiento de nuestra comunidad interpretativa, que hasta un crítico sofisticado y competente como Alberto Garrandés no...
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