La etica y su campo de estudio

. La pedagogía de la alteridad y el compromiso político
 
La pedagogía de la alteridad, como modelo de educación moral, que se inspira en la ética levinasiana no se queda en la relación “intimista” “yo-tú” en la que sólo intervienen individuos singulares, presentes en el mismo tiempo y espacio. “El sujeto moral no puede responder únicamente del rostro singular cuya debilidad o extranjería lesolicita, en este preciso momento, y abandonar a su suerte a los demás rostros, so pena de inmoralidad, so pena de confusión entre la debilidad y la tiranía” (Chalier, 2002, 103). Contempla, inevitablemente, la relación a un “tercero”. “El lenguaje, como presencia del rostro, no invita a la complicidad con el ser preferido, al “yo-tú” suficiente y que se olvida del universo; se niega en su franquezaa la clandestinidad del amor en el que se pierde su franqueza y su sentido...El tercero me mira en los ojos del otro: el lenguaje es justicia. No decimos que haya rostro desde el principio y que, a continuación, el ser que éste manifiesta o expresa se preocupe de la justicia. La epifanía del rostro como rostro, introduce la humanidad...El rostro, en su desnudez de rostro, me presenta laindigencia del pobre y del extranjero” (Lévinas, 1987, 226). La presencia del tercero introduce los derechos de todos los otros y no sólo de un rostro único. La educación, desde la alteridad, tiene una necesaria dimensión social. Es ética y política, es compasión y compromiso. Y despojar a la educación de estas dimensiones es reducirla al más puro adoctrinamiento. En tanto que es ética, la educación noestá desligada de los problemas que afectan a los hombres concretos, sino que brota de ellos, de su derecho a una vida digna y justa, de su derecho a decir su palabra, la palabra del pasado, de la tradición; la palabra transformadora del presente, la que desvela la realidad y le permite descubrir las contradicciones que le impiden ser hombre o mujer, pero también la palabra del futuro todavía nodicha, la palabra de la esperanza. La persona está intrínsecamente proyectada hacia el futuro, es anticipación, proyección de algo (Marías, 1996). Y en tanto que educación, es en sí misma un acto social y político. Lo político forma parte de la naturaleza misma de la educación, por lo que los problemas de ésta no son exclusivamente pedagógicos, sino esencial y profundamente políticos. Educar esnecesariamente un compromiso ético con el mundo. Arendt (1996, 208) se atreve a decir que es un acto de amor: “La educación es el punto en el que decidimos si amamos al mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él y así salvarlo de la ruina que, de no ser por la renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y los jóvenes, sería inevitable”. La finalidad de educar no se limita, portanto, al ámbito de las características personales, “psicologizando” la educación, implica la formación del sujeto como ser social, incorporando toda la realidad de éste. Y entonces, la educación no puede sustraerse a la función de transformación de la realidad social en la que el educando vive, de modo que le permita la realización de un ideal (valioso) de persona que toda educación llevaimplícito.
 
 En el origen de esta educación moral no está la razón, como en la moral idealista, sino el sentimiento, el “pathos”, la solidaridad con los otros seres humanos en cuanto dignos de felicidad y reconocimiento. No es una facultad de la razón que nos inclina a obrar según el deber; pero tampoco es un mero sentimiento irracional. Es más bien una afección (sentirse afectado, sufrir) en laconciencia por el reconocimiento de los otros en sus circunstancias concretas. No hay, por tanto, una exigencia absoluta que descienda de lo alto o se imponga desde la conciencia. Hay, más bien, una evidencia que se impone como un hecho “natural” que es la aspiración de los seres humanos, de todos los seres vivientes a la felicidad, al reconocimiento de su dignidad inviolable. Hay un sentimiento...
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