La maestria del amor

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  • Publicado : 11 de diciembre de 2011
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Quiero contarte una vieja historia sobre un hombre que no creía en el amor. Se trataba de una persona normal, como tú y como yo, pero lo que lo hacia especial era su manera de pensar: estaba convencido de que el amor no existía.. Había acumulado mucha experiencia en su intento de encontrar el amor, por supuesto, y observado a la gente que tenia a su alrededor.
Se había pasado buena parte de suvida intentando encontrar el amor y había acabado por descubrir que el amor no existía.Dondequiera que fuese solía explicar que el amor no era otra cosa que una invención de los poetas, una invención de los ligones que intentaban, de este modo, manipular la débil mente de los seres humanos para controlarlos y convertirlos en creyentes. Decía que el amor no era real y que, por esa razón, ningún serhumano lo encontraría jamás aun cuando lo buscase.Este hombre tenía una gran inteligencia y resultaba muy convincente. Había leído muchos libros, estudiado en las mejores universidades y se había convertido en un erudito respetado. Era capaz, en cualquier parte y ante cualquier audiencia, de defender con contundencia su razonamiento.
Decía que el amor es como una especie de droga; te exalta, peroa su vez crea una fuerte dependencia, por lo que es posible convertirse en un gran adicto a él. Y ¿qué ocurre entonces cuando no recibes tu dosis diaria, dosis que necesitas al igual que un drogadicto?Solía decir que la mayoría de las relaciones entre los amantes se parecen a las que mantiene un adicto a las drogas con la persona que se las suministra. La persona que tiene la necesidad mayor esla que sufre la adicción a las drogas; la que tiene la necesidad menor es la que se las suministra. Y la que tiene menor necesidad es la que controla toda la relación. Si es posible ver esta dinámica de forma tan diáfana es porque, generalmente, en todas las relaciones hay una persona que ama más y otra que ama menos y que se aprovecha de la que le ofrece su corazón.
Es posible ver de qué modo semanipulan la una a la otra, sus acciones y reacciones, que son, sencillamente, iguales a las de un adicto a las drogas y su suministrador.El adicto a las drogas, el que tiene más necesidad, vive con un miedo constante, temeroso de que, quizá, no sea capaz de conseguir su próxima dosis de amor, o de droga. El adicto a las drogas piensa: «¿Qué voy a hacer si ella me deja?». Ese miedo lo convierte enun ser muy posesivo. «¡Eso es mío!» Se vuelve celoso y exigente porque teme no conseguir su próxima dosis. Por su parte, el suministrador puede controlar y manipular a la persona que necesita la droga dándole más dosis, menos o retirándoselas del todo. La persona que tiene más necesidad acabará por rendirse completamente y hará todo lo que pueda para no verse abandonada.De este modo, el hombrecontinuó explicando a la gente por qué no existía el amor. «Lo que los seres humanos llaman “amor” no es otra cosa que una relación de miedo que se fundamenta en el control. ¿Dónde está el respeto? ¿Dónde está el amor que aseguran tenerse? No hay amor. Las parejas jóvenes se hacen un sinfín de promesas mutuas delante del representante de Dios, de sus familias y de sus amigos: vivir juntos parasiempre, amarse y respetarse, estar junto al otro en lo bueno y en lo malo. Prometen amarse y honrarse y mucho más. Pero, una vez casados – pasada una semana, un mes o unos cuantos meses -, ya se puede ver que no mantienen ninguna de esas promesas.»Lo que hay es una guerra de control para ver quién manipulará a quién. ¿Quién será el suministrador y quién tendrá la adicción?
Unos meses más tardedescubrirás que el respeto que juraron tenerse mutuamente se ha desvanecido. Descubrirás el resentimiento, el veneno emocional, y verás cómo, poco a poco, empezarán a herirse el uno al otro, una situación que crecerá y crecerá hasta que lleguen a tener miedo de quedarse solos, hasta que lleguen a temer las opiniones y los juicios de los demás y también sus propios juicios y opiniones. Pero ¿dónde está...
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