La metamorfosis resumen

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  • Publicado : 29 de septiembre de 2010
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LA METAMORFOSIS

Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado y parduzco.
Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas antelos ojos. No era un sueño.
Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados – Samsa era viajante de comercio –, estaba colgado aquel cuadro, representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel.
La mirada de Gregorio se dirigió hacia la ventana, y el tiempo lluvioso, le ponía muy melancólico.
¿Qué pasaría – pensó – si durmieseun poco más y olvidase todas las chifladuras?» Pero esto era algo absolutamente imposible, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y sólo cejaba en su empeño cuando comenzaba a notar en el costado un dolor leve y sordo que antes nunca había sentido. -¡Dios mío!-, pensó. ¡¿Qué profesión tan dura he elegido?! Un día sí y otro también de viaje. ¡Que se vaya todo al diablo!-Sintió sobre el vientre un leve picor, con la espalda se deslizó lentamente más cerca de la cabecera de la cama para poder levantar mejor la cabeza; se encontró con que la parte que le picaba estaba totalmente cubierta por unos pequeños puntos blancos, que no sabía a qué se debían, y quiso palpar esa parte con una pata, pero inmediatamente la retiró, porque el roce le producía escalofríos. Sedeslizó de nuevo a su posición inicial.

Eran las seis y media y las manecillas seguían tranquilamente hacia delante, ya había pasado incluso la media. ¿Es que no habría sonado el despertador?» Desde la cama se veía que estaba correctamente puesto a las cuatro, seguro que también había sonado. Sí, pero... ¿Era posible seguir durmiendo tan tranquilo con ese ruido que hacía temblar los muebles? Bueno,tampoco había dormido tranquilo, pero quizá tanto más profundamente. ¿Qué iba a hacer ahora? El siguiente tren salía a las siete, el muestrario todavía no estaba empaquetado, y él mismo no se encontraba especialmente espabilado y ágil; e incluso si consiguiese coger el tren, no se podía evitar una reprimenda del jefe, porque el mozo de los recados habría esperado en el tren de las cinco y ya hacíatiempo que habría dado parte de su descuido. Era un esclavo del jefe. ¿Qué pasaría si dijese que estaba enfermo? Pero esto sería sumamente desagradable y sospechoso, Gregorio no había estado enfermo ni una sola vez durante los cinco años de servicio. Seguramente aparecería el jefe con el médico del seguro, para el sólo existen hombres totalmente sanos, pero con aversión al trabajo. ¿Y es que eneste caso no tendría un poco de razón? Gregorio, a excepción de una modorra realmente superflua después del largo sueño, se encontraba bastante bien e incluso tenía mucha hambre. ¡Mientras reflexionaba sobre todo esto con gran rapidez, llamaron cautelosamente a la puerta que estaba a la cabecera de su cama. Gregorio – dijeron (era la madre) –, son las siete menos cuarto. ¿No ibas a salir de viaje?Gregorio se asustó, al contestar, escuchó una voz que, evidentemente, era la suya, pero en la cual, se mezclaba un doloroso e incontenible piar, que en el primer momento dejaba salir las palabras con claridad para, al prolongarse el sonido, destrozarlas de tal forma que no se sabía si se había oído bien.

Gregorio querría haber contestado detalladamente y explicarlo todo, pero en estascircunstancias se limitó a decir: – Sí, sí, gracias madre, ya me levanto--. La madre se tranquilizó con esta respuesta y se marchó de allí.

Los otros miembros de la familia se habían dado cuenta de que Gregorio, en contra de todo lo esperado, estaba todavía en casa, y ya el padre llamaba suavemente, pero con el puño, a una de las puertas laterales. – ¡Gregorio, Gregorio! – gritó –. ¿Qué ocurre? –...
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