La templanza

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La templanza |
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       Hace poco platicaba con una amiga que me decía que había empezado, por quinta vez en este año, una nueva dieta. Sé que tengo que perder peso, me decía, y estoy empeñada en lograrlo. Leo todo lo que encuentro sobre este tema. Me mentalizo. Pienso que voy a lograrlo. Pero todas las veces me pasa igual. A las pocas semanas me vengo abajo. Me pareceimposible mantener mis propósitos siquiera unos meses.»         Ideas semejantes a estas nos atormentan la mente con frecuencia, sufrimos la angustia de comprobar que somos muy poco dueñas de nosotras mismas, que apenas logramos tomar las riendas de nuestra existencia. Hay personalidades un poco flojas. Se encuentran enganchadas a la televisión, pesan diez kilos de más, han intentado ya quinceveces dejar de fumar, les cuesta una barbaridad levantarse de la cama o de su sillón, apenas prestan atención a nada que exija pensar un poco y, junto a eso, sienten un aburrimiento que les abruma.        ¿Cómo puede combatirse esa situación? Lo mejor es prevenirla, si es posible, llevando una vida de cierta exigencia. Y para esto es necesario la virtud de la templanza, que es la virtud cardinalque ha de estar presente en la conducta entera de quien quiere seguir a Cristo; hacerlo todo con la medida que la razón iluminada por la fe, es decir una prudencia de espíritu, nos indica. Hay males que tienen su origen en la vida fácil: mediocridad, pereza, falta de dominio sobre uno mismo. Uno de los mayores riesgos del exceso de bienestar es que, como la experiencia nos enseña, muchosterminamos quedando bastante dominados por él, pues no es difícil que la seducción de una vida excesivamente cómoda haga que todas nosotras perdamos a veces un poco esa libertad interior, ese necesario señorío sobre nosotras mismas, convirtiéndonos en esclavas de esas comodidades.        No quiere esto decir que la formación en la templanza deba conducir a una lucha contra el bienestar, pero lascircunstancias reales en que nos movemos se hacen necesario insistir en la necesidad de esta virtud, en el dominio de uno mismo, en saber poner límites a las desmesuradas exigencias de nuestras apetencias personales. La templanza es muy importante para evitar que el bienestar se revuelva contra nosotras mismas, apartándonos de los valores superiores que estamos llamadas a alcanzar. A apartarnos de Dios yaque es el medio imprescindible para alcanzar a Dios, nuestro último fin.Templanza es señorío. No todo lo que experimentamos en el cuerpo y en el alma ha de resolverse a rienda suelta. No todo lo que se puede hacer se debe hacer. Resulta más cómodo dejarse arrastrar por los impulsos que llaman naturales; pero al final de ese camino se encuentra la tristeza, el aislamiento en la propia miseria. DiceSan Josemaría en Amigos de Dios |
        La templanza es señorío sobre uno mismo, ese señorío de los hijos de Dios, con confianza recia en la Providencia, sin las inquietudes y preocupaciones propias de los hombres y mujeres mundanos que caen en la esclavitud de un mañana que ni siquiera verán. Con ella aprendemos a prescindir de lo que nos producen un daño, y con el tiempo advertimos queel sacrificio es sólo aparente: porque al vivir así, con sacrificio, nos libramos de muchas esclavitudes. La templanza modera el apetito de los bienes sensibles – que hemos recibido de Dios – e incluye muchas virtudes humanas y cristianas: castidad, sobriedad, humildad, mansedumbre.         La lucha y el sufrimiento —como apunta Enrique Monasterio— son tributos inevitables en el camino denuestra vida, y para ser feliz es indispensable perderles un poco el miedo. La felicidad, o el amor, no son simples fenómenos químicos de escasa duración, sino que exigen siempre un compromiso y un sacrificio mantenidos. Quien pretende ingenuamente eludirlos, sólo logra alejarse de la felicidad, sólo encuentra pequeños placeres, cada día menos intensos y más frustrantes, porque, queramos o no, el...
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