La vida y derecho a morir con dignidad

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“A la edad de 83 años, Sigmund Freud se había sometido a 33 operaciones. Sufría un cáncer de maxilar hacía más de 15 años. El 21 de Septiembre de 1939, estando el Dr. Shur sentando junto a su paciente, Freud le tomó la mano y le dijo si recordaba el “contrato” que ambos tenían, “prometió no dejarme en la estacada cuando llegara el momento. Ahora sólo queda la tortura y no tiene sentido, hable conAna y si ella piensa que está bien, terminemos”.(Peter Gay, 1989).

Tesina para la materia: Problemática jurídica y bioética de la Muerte. Maestría en Aspectos Bioéticos y Jurídicos de la Salud. Universidad del Museo Social Argentino

INTRODUCCIÓN

Llevado al extremo de la irracionalidad, el esfuerzo de la medicina por preservar y cuidar la salud de las personas ha demostrado que es capazde volverse en contra de aquellos a quienes pretende proteger. Cuando los médicos se empecinan en extender la vida aún más allá de las posibilidades fisiológicas y del deseo de sus pacientes aparece lo que se ha dado en llamar el encarnizamiento terapéutico.

“La agonía injustificadamente prolongada, el sufrimiento extremo, la desfiguración y el aislamiento del paciente, cualquiera de ellas puedeser la consecuencia del encarnizamiento terapéutico que conlleva formas de morir que resultan una caricatura de la dignidad personal", señaló el doctor Carlos Gherardi, en el simposio "Cuestiones éticas al final de la vida", organizado por el Consejo Académico de Ética en Medicina.

Y es que, a veces, "el intento de respetar la vida puede acabar en trato inhumano o degradante, es decir,indigno", escribió hace algunos años Diego Gracia, miembro de la Fundación de Ciencias de la Salud, de España, en el prólogo del libro Morir con dignidad (Fundación de Ciencias de la Salud, 1996).

La muerte y el morir no coinciden sencillamente. La muerte significa un fin, el fin de la persona humana en su proceso histórico, de su cuerpo concreto. El morir por el contrario, es el camino que el hombretiene que recorrer en su última fase de la vida hasta la muerte.

Y como oportunamente manifestara Freud, muchos otros enfermos en su fase final solicitan no extender su agonía en las salas de los hospitales y en las unidades de terapia intensiva, mostrando una realidad: no todas las personas, en el final de sus vidas, desean entregarse pasivamente al sufrimiento sin esperanza, a la pérdida dela autonomía o a la inconsciencia en el final de sus vidas. Entonces, vale preguntarse, sirve un no-morir que sea “estar vivos” de cualquier modo?

Cuando se habla de la muerte se hace de manera abstracta. Uno sabe que es “algo” que inevitablemente nos va a ocurrir en un futuro lejano. Nadie vive pensando en la proximidad de esa muerte. No materializamos la muerte como un hecho concreto, comoobjeto de atención o de estudio.

Nos interiorizamos en la filosofía como en el psicoanálisis, más allá de nuestras inquietudes intelectuales, en busca de respuestas a cuestiones propias de la vida, en como mejorar la calidad de ésta última. Pero, ¿qué pasa con la muerte?. ¿No es un proceso que también vamos a vivir?

Este “hecho o suceso” ocurre dentro de su historia y de su contexto. Todosmorimos, pero cada muerte es diferente, aunque no tan diferente según los individuos, como según las épocas históricas, según los momentos culturales.
Philippe Ariés en su libro “El hombre ante la muerte” hace una clasificación de la muerte, teniendo en cuenta los distintos períodos históricos.
La exposición de Ariés comienza con el análisis de la muerte en la Edad Media. Aquí llama a lamuerte “muerte amaestrada”; el sujeto tenía amaestrada su muerte, la tenía bajo su dominio. La muerte “avisaba” cuándo iba a actuar, y quien recibía el aviso era el que iba a morir. No era el médico el que anunciaba cuántos meses de vida le quedaban al paciente sino, al revés, las personas les comunicaban al médico la proximidad de su muerte. Cada persona sabía, “por naturaleza”, cuándo le llegaba su...
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