Lactofilia y lactofobia

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Mi inocencia sobre la leche duró hasta que tropecé con los
escritos de Robert Lowie, célebre antropólogo que se complacía
en recopilar ejemplos de la «caprichosa irracionalidad» de
los hábitos dietéticos del ser humano. Lowie estimaba como
un «hecho sorprendente que los asiáticos orientales, como
los chinos, japoneses, coreanos e indochinos mostrasen una
inveterada aversión hacia lautilización de la leche». Yocompartía
su sensación de maravilla. Como admirador y frecuente
consumidor de comida china tenía que haberme
dado cuenta de que los menús de ésta no contenían platos
preparados mediante derivados lácteos: ni cremas a base de
nata para acompañar carnes o pescados, ni queso fundido o
en soufflé, ni tampoco mantequilla para añadir a verduras,
pastas, arroces o budines.Pero todos los menús que yo había
visto ofrecían helados entre los postres. Nunca se me
ocurrió pensar que esta solitaria especialidad láctea fuera
una concesión al paladar norteamericano y que poblaciones
enteras de congéneres humanos pudieran despreciar el «alimento
perfecto» de mi infancia y mi juventud.
Lowie había expuesto el asunto de forma un tanto moderada.
Los chinos y otros pueblosdel este y sudeste asiáticos
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no sólo muestran una aversión hacia la utilización de la leche,
sino que la aborrecen intensamente, reaccionando ante
la posibilidad de tragar un buen vaso de leche fría poco más
o menos como reaccionaría un occidental ante la perspectiva
de un buen vaso de fria saliva de vaca. Me eduqué, como
la mayoria de los miembros de mi generación, en la creencia
deque la leche es un elixir, un hermoso y blanco manálíquido
que tiene la facultad de hacer crecer el vello en el pecho de
los hombres yaterciopelar ysonrosar el cutis de las mujeres.
¡Qué conmoción descubrir que otros la consideran como
una secreción glandular de aspecto feo y olor rancio que
ningún adulto que se respete querría beber!
Durante mi juventud, la industria lechera, el Departamentode Agricultura y la Asociación Médica Americana
apoyaban con fervor el estereotipo popular que presentaba
la leche como el«alimento perfecto». Bébase un litro diario;
téngase en cada aula escolar; bébase antes de las comidas,
con las comidas, entre comidas y por la noche como tentempié.
Cómprese en envases de cuatro litros provisto de grifo.
Beba un poco cada vez que abra la nevera. Bébalapara asentar
el estómago, tratar las úlceras, curar la diarrea (hervida),
calmar los nervios y aliviar el insomnio (caliente). La leche
no podía hacer daño.
Cuando los Estados Unidos fueron llamados a ayudar a la
alimentación de los países subdesarrollados, durante el periodo
posterior a la Segunda Guerra Mundial, los funcionarios
de la U. S. Agency for International Developmenrnaturalmente
la escogieron como arma en la guerra contra el hambre.
Entre 1955 y 1975, diversos organismos oficiales enviaron
millones de toneladas (fundamentalmente en polvo) a
los países necesitados del mundo. La leche, ciertamente, era
excedentaria y a los propios norteamericanos no les gustaba
en polvo; pero independientemente de estos hechos, los
agricultores, los políticos ylos técnicos de laayuda internacional
podían sentir la íntima satisfacción de enviar su manáa los seres desnutridos del mundo entero. Poco después de
que llegaran a su destino en África, Latinoamérica, Oceanía
y otros lugares necesitados los primeros cargamentos, sin
embargo, se empezaron a oír rumores referentes a personas
que enfermaban por beber leche. leche norteamericana.
Ocurrió en Brasil, en 1962,nadamás llegar 40 millones de
kilos de leche en polvo, enviados por la Administración
Kennedy en el marco del programa Alimentos para la Paz.
Los brasileños no tardaron en quejarse de que ésta les hacía
sentirse hinchados y que les daba retortijones y diarrea. Al
principio los funcionarios de la Embajada estadounidense se
negaron a creerlo; luego. se mostraron ofendidos por la forma
en que se...
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